miércoles, 8 de agosto de 2012

El Día de la Cosecha


CAPÍTULO 1
Abro los ojos como cada mañana y contemplo los rayos de sol que atraviesan mi habitación. Toda ella está pintada en tonos azules, como si fuera el cielo, o en mi caso, supongo que el mar. Los muebles son bastante sencillos, una cómoda, un tocador, una pequeña mesa y un armario, todos de color blanco perla. El aire huele a agua de mar y si aguanto un par de segundos la respiración, puedo escuchar el murmullo de las olas. Me tumbo boca arriba, mirando absorta las pequeñas gritas del techo. Bostezo. Me levanto de la cama y corro las cortinas, haciendo que la luz del sol invada la sala. Después de parpadear un par de veces, paseo la mirada por el paisaje que se extiende ante mis ojos: el Distrito 4.

El mar azul resplandece bajo los primeros rayos del sol, haciendo que parezca un lugar mágico. El agua esta muy tranquila y reluce como si en ella hubiera pequeñas bombillas plateadas que se van alternando, al compás de la marea. Se respira armonía y tranquilidad. Bajo la vista, pasando por la finísima arena de la playa (que parece estar compuesta por pequeños diamantes), para acabar mirando a mis padres, en el jardín trasero de casa. No parecen muy contentos. Ninguno sonríe y me miran algo preocupados.
-Alexis, cariño. Baja a desayunar, rápido. Hoy es un día importante.

Asiento  tristemente y me alejo del marco de la ventana, todavía escuchando el murmullo que hacen las olas al chocar contra las rocas. Sí. Hoy es un día muy importante: es el día de la cosecha. Normalmente en el Distrito 4 no es algo tan malo, ya que, al ser tributos profesionales, la gente suele presentarse voluntaria. Pero aun así, no puedo evitar estar nerviosa. Es mi tercer año de cosecha y no estoy muy contenta, por suerte, mi nombre solo entraría tres veces en la urna. Aunque, por desgracia, tengo que pedir teselas, así que mi nombre en lugar de entrar solo tres veces, entrará dieciséis. Mis padres se niegan rotundamente cada vez que pido teselas, así que lo que hago es mentirles. Les digo que el grano y los cereales los he conseguido en el mercado. Punto. No les digo nada más.

Me cambio rápidamente (con bañador incluido) y bajo las escaleras precipitadamente. Salgo al jardín y justo cuando termino de darles los buenos días a mis padres (aunque no sé que tienen de buenos), un rostro sonriente  me saluda desde la valla.

-Hola Alexis. ¿Qué hay?

-Temiendo el “día más importante de mi vida”- respondo imitando al chico que llevaba siendo mentor varios años.

El joven que está en la puerta ríe por lo bajo.

-Bueno..., ¿vienes a nadar un rato?-me pregunta con esa mirada suya.

Sí. Así es Fate, mi mejor amigo. Le da igual que sea el día de la cosecha. Siempre te mira con sus preciosos ojos azules y su radiante sonrisa. Va sin camiseta y tiene el pecho desnudo mojado, lo que significa que ya se ha bañado. Su pelo marrón, ya seco, brilla dando pequeños destellos dorados. Tengo que reconocer que, aunque le conozco desde que éramos casi unos niños, me intimida un poco porque es un chico mono... bueno, es un chico guapísimo y eso hace que de vez en cuando haga estupideces. Como ahora, que lanzo una especie de risa-gemido que hace que Fate me mire con cara rara. Después me giro hacia mis padres.

-¿Puedo...?-pregunto suplicante.

-Anda, vete-dice mi padre después de varios segundos de silencio-. Pero...

-Ya tengo el bañador puesto- le corto antes de que me diga cualquier cosa. Cojo una manzana de la mesa, entonces me doy cuenta de que está casi vacía, tan solo tres manzanas y dos vasos de leche. Intento hacerme la indiferente, corro hasta la valla y me despido de ellos con una sonrisa.-No os preocupéis. Llegaré a tiempo.

Agarro el brazo de Fate y le alejo de casa. Cuando nos alejamos lo suficiente me quito la camiseta y me quedo con la parte de arriba del bikini.

-¿Por qué no has venido antes?-pregunto molesta-. Se supone que habíamos quedado para ir a dar una vuelta antes de que mis padres se despertaran.

-Lo siento-dice bajando un poco la vista. Aunque se ve que no está absolutamente nada arrepentido. Después, me mira y sonríe-Pero sé cómo pedirte perdón.

Y antes de que pueda reaccionar, se abalanza sobre mí con los brazos abiertos y me abraza. Cuando me roza su piel no puedo evitar soltar un grito ahogado.

-¡FATE!-protesto-¡Suéltame! ¡YA!

-¿Por qué?-pregunta riéndose-Si te quiero mucho-dice acercándome aún más a su piel mojada.

-Sí. Yo también te quiero, ¡pero no me hagas esto!-grito también medio riéndome-. Vale, ya estoy mojada. Ya me puedes soltar.

Se aleja de mí y me mira como si fuera su obra maestra.

-Y bien... ¿qué te parece?-respondo cruzándome de brazos.

Hace una mueca.

-Creo que te tendría que haber mojado más.

-Una pena...-digo a la vez que me encojo de hombros-.Bueno... ¿nos damos ese baño o qué?

Me sonríe y volvemos a emprender nuestro camino. Cuando llegamos a la playa, dejamos nuestros zapatos y nuestra ropa debajo de una palmera y nos zambullimos en el agua. Sí. Podría haber sido un día perfecto. El agua está muy tranquila y no muy fría, lo que sofoca el calor pero no te deja congelado. Además, por esta zona no suele haber gente, por lo que casi siempre Fate y yo estamos solos. Después de varios minutos nadando, me siento en una roca y pierdo mi mirada en el horizonte. Me pregunto que habrá más allá de esa línea. Escucho chapoteos a mi derecha y Fate se sienta a mi lado.

-No pareces muy nerviosa, por la cosecha, digo.

-Lo estoy, mucho. Aunque intento no aparentarlo.

-Pues lo haces muy bien-suspiro escandalosamente. Fate me mira preocupado-Oye, Alexis. No es tan malo. Seguro que habrá voluntarios y si no hay no creo que salga tu nombre.

Bajo la vista y me veo reflejada en el agua del mar. Mi pelo negro me cae por delante de los hombros, todavía algo mojado. Y mis ojos grises me devuelven una triste mirada.

-Para ti es fácil. No te preocupa que salga tu nombre. Siempre hay chicos que se presentan voluntarios como tributos. Pero las chicas...no suele presentarse ninguna.

-Vamos, Alexis. No seas tan pesimista. Si fueras tributo, que no creo, ganar no te costaría mucho. Quiero decir; sabes usar muchas armas como dagas, cuchillos y... ¡y tridentes! eso te ayudaría mucho; también sabes cazar y diferenciar las plantas comestibles y las venenosas, ya tienes arregladas las comidas; y además, te camuflas muy bien, nadie te podría encontrar- me explica sin apartar su mirada de mí.

Me giro y me quedo mirando sus ojos azules. Vuelvo a bajar la cabeza y sonrío.

-Si lo dices tú hasta suena creíble. Pero no sería capaz de matar a nadie-admito.

-¿Y si estuvieran a punto de matarte?

-No sé. Supongo que les haría una herida grave para advertirles de que no jugaran conmigo, pero nada más.

Nos quedamos un buen rato en silencio, no nos miramos, es como si no supiéramos la existencia del otro. Escucho un ruido y veo a Larly Jackson, la chica más popular y más guapa del instituto, según mis compañeros de clase. Va paseando tranquilamente por la playa. Fate también se gira y cuando ve a Larly se vuelve hacia mí.

-Vaya, parece que tenemos compañía.

-Sí. Tu novia-digo de manera burlona.

Al principio no parece darse cuenta de lo que había dicho, pero cuando lo hace exclama:

-¡No es mi novia!

-Ahí tienes razón. Pero te gusta. Y tú a ella también.

Fate, que parece a punto de hacerme un par de aguadillas para que me calle, se queda de piedra al escuchar lo que acabo de decir.

-¿Qué?

-Pues eso. Que está enamorada de ti. Me lo dijo el otro día-respondo con toda la tranquilidad del mundo.

-No te creo.

-¿Ah no...?-pregunto sonriendo. Me doy media vuelta, hacia la playa-¡Larly!-grito con todas mis fuerzas. La llamo un par de veces hasta que se da media vuelta y me saluda con la mano-¡¿A que el otro día me dijiste que...?!

Pero antes de que pueda terminar, Fate me tapa la boca con una mano y dice:

-¡Bonito día! ¿Eh? Pues eso que nos vemos luego. ¡Adiós!

Y dicho esto me tira al agua. Cuando vuelvo a salir a la superficie Larly ya no está y Fate me mira enfadado.

-¿Ves como sí que te gusta?-digo burlona.

-No me gusta-replica él.

-Sí que te gusta.


-No. Me gusta otra persona.

-¿A sí...? ¿Quién?-pregunto interesada, ya a su lado.

Se ruboriza y se queda mirándome. Finalmente, me contesta:

-Una persona.

-¿Quién?

-Una chica.

-¡A eso llego!-replico. Me acerco aún más a él- Anda... ¡dímelo!

-No.

-¿Por qué no? Venga, te prometo que no me voy a reír.

-¡Ya te he dicho qué no!

-¡Por favor! Eres mi mejor amigo, me preocupo por ti. ¿Y si esa chica es una mala influencia?

-¿Existen chicas que tengan peor influencia que tú?

Le saco la lengua y vuelvo a mirar al horizonte. Nada, no hay forma de que me lo diga. A no ser que...

-Si me lo dices te digo quién me gusta.

-¿Te gusta alguien?-me pregunta extrañado. Asiento la cabeza, como si fuera lo más obvio del mundo. Y por primera vez en mi vida, parece que por fin he conseguido engañar a Fate. Una de dos, o soy una experta mentirosa o él está tan desesperado por saber si me gusta alguien que ni siquiera se lo ha planteado. Seguramente será la segunda-¿Por qué no me lo habías dicho?

-¿Por qué no me lo has dicho tú?-respondo inflexible.

Nos quedamos un rato mirándonos, Fate con un gran interrogante en la cara y yo como si esta discusión fuera lo más normal del mundo. Finalmente, baja la vista, suspira y me vuelve a mirar.

-¿Si te lo digo me vas a decir quién te gusta, de verdad?

-No-admito-. Bueno, tampoco me importa tanto. Mientras que esa chica no te influya mal...

-Tranquila, no lo hace.

-Eso espero-digo guiñándole un ojo-. Después miro el Sol que ya está bastante alto-. Creo que lo mejor es que vuelva ya a casa a cambiarme...-Le miro de reojo- y tú deberías hacer lo mismo. Escandalizarías a todo Panem si fueras a la cosecha sin camiseta.

-¿De verdad? No será que no quieres que me vean otras chicas sin camiseta-se acerca a mí y me susurra al oído en tono seductor:-Me quieres para ti sola.

-Estúpido-digo sin ni siquiera intentar disimular mi sonrisa. Fate se separa y vuelve a sonreírme como siempre- Anda, vámonos.

Me tiro al agua y comienzo a nadar. Una vez en la orilla, recojo mi ropa que está tirada por los alrededores de la palmera. Al poco tiempo, Fate aparece a mi lado y también recoge sus cosas. Después empezamos a andar hasta que llegamos al camino de piedra.

-Pues eso. Luego nos vemos-me acerco a él y le doy un abrazo, mientras que me alborota el pelo. Nos separamos y comienzo a andar, pero a los pocos pasos me doy la vuelta-¡Ah!, y Fate...-se gira hacia mí-¡Que no se te olvide la camiseta!

Ambos reímos, nos despedimos con la mano y cada uno nos vamos por su lado. “Ay, Fate... ¡Qué chico tan simpático! ¿De quién se habrá enamorado...?”  Alejo esos pensamientos de mi cabeza. No. No es un buen día para pensar que chica le gusta a mi mejor amigo. Tengo que llegar a casa, cambiarme e ir al Edificio de Justicia para que elijan a los dos tributos que van a representar al distrito 4 en los Vigésimo Novenos Juegos del Hambre.

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