jueves, 9 de agosto de 2012

Cosecha, Voluntario y Despedidas

CAPÍTULO 3

Paso unos minutos sin darme cuenta de lo que pasa alrededor. ”Mi nombre...Ha salido mi nombre...” pienso absorta en mis pensamientos. Segundos después escucho la voz de Jenn Kalis, lejanísima:

-Alexis. Vamos, sube aquí conmigo.

Levanto la vista del suelo y veo cómo todas las chicas se han apartado dejando un hueco para que pueda subir al escenario. Y sin ni siquiera pensarlo, mis pies se mueven de manera automática, caminando hasta que llego a las escaleras de metal. Las subo y contemplo la plaza, toda ella en silencio. No puedo evitar mirar a Fate, que parece aún más confuso y asustado que yo misma. Le lanzo una última mirada de ayuda, aunque sé que eso no arreglará nada. Él, se limita a bajar la mirada y a concentrarse en las puntas de sus zapatos. No le echo la culpa. Yo también me habría quedado en shock y no habría hecho nada. Después, Jenn se acerca a mí y me da un pequeño abrazo, en señal de aprobación. Me coge la mano derecha y la levanta.

-Y esta es Alexis Bellawave. La chica que tendrá el honor de representar al distrito 4 en los Vigésimo Novenos Juegos del Hambre.

La gente de la plaza me da un pequeño aplauso, con desgana. Muchos de ellos furiosos porque ni ellos (o sus hijos) han sido elegidos. Pero otros muchos, aplauden simplemente para darme su apoyo. Es decir, para que sufra una muerte rápida e indolora. Yo, mientras tanto no he podido apartar mi mirada de Fate. No soy capaz de mirar a mis padres, que deben de estar sumidos en una especie de depresión porque haya salido elegida. Él, me mira como si no se llegara a creer que estoy aquí arriba. Que me han elegido como tributo. Yo tampoco me lo puedo creer. Cuando se da cuenta de que le estoy mirando, me dirige una sonrisa más que forzada, a la que consigo responder. Jenn entiende la sonrisa de otra manera y me ordena que me quede quieta mientras ella va hacia la urna de los chicos y rebusca entre las papeletas. “Que no sea Fate. Que no sea Fate.” Me repito una y otra vez. Ya es bastante malo que me toque a mí. Pero... ¿en qué estoy pensando? Fate no va a salir. Jenn saca una papeleta de la urna. Suspiro. No. Seguro que esa no es una de las papeletas con el nombre de Fate. Cuántas habrá... ¿cientos, miles...? No. El nombre de Fate no va a salir de esa urna. Tengo un presentimiento, y también tengo suerte. Aunque la suerte no siempre va contigo.

-¡Fate Evenlak!

-¡NO!-grito. Y en cuanto lo hago me tapo la boca con las manos.

Todos se quedan mirándome. ¿De verdad he dicho eso? Puedo ver a Fate en la multitud, que está tan pálido que parece un muerto. Aunque me mira de manera interrogante. Me giro hacia Jenn que me mira extrañada. Lentamente me separo las manos de la boca y adapto una posición normal, bajando la mirada hacia el suelo. Intento ocultar que lloro pero no lo consigo. Mi nueva representante vuelve a llamar a Fate para que suba al escenario. Escucho cómo la multitud se aparta de su camino para que venga conmigo. Los pasos de mi mejor amigo resuenan por toda la plaza, a cada paso que da, me parece que me están dando cuchilladas en el corazón. Pero aun así, levanto la cabeza para intentar lanzarle una pequeña mirada de apoyo, aunque está tan mal que prefiero hacer como si no estuviera allí. Cuando se pone de pie a mi lado la plaza entera guarda un silencio sobrecogedor. La gran mayoría de las personas que hay, saben que Fate y yo somos como hermanos y que si alguno de los dos volviera con vida de los Juegos, el otro no lo soportaría y acabaría volviéndose loco, o en mi caso loca. Y si ninguno de los dos nos volvíamos locos, tal vez acabaríamos suicidándonos. O por lo menos yo. No soy capaz de imaginarme un mundo en el que Fate no esté conmigo. Además de eso, también muchas personas saben lo de la muerte de mi hermano y que ir a la arena será para mí más duro por eso. Ahí, supongo que les tengo que dar la razón. En cuanto pise la arena, no podré evitar acordarme de Jason. Entonces, la voz estridente de Jenn Kalis irrumpe el gran silencio de la plaza.

-Y este es el chico que tendrá el honor de representar a nuestro distrito en los Vigésimo Novenos Juegos del Hambre, junto con nuestra preciosa chica Alexis Bellawave-Nadie en la plaza dice nada, por lo que Jenn continúa con su discurso:- Y ahora, ¿algún voluntario que quiera arrancar la fama de estos dos jóvenes de aquí arriba?

Al principio nadie dice nada. “Venga” pienso” Por favor, que esto acabe de una vez” Pero la plaza sigue igual de callada. Jenn vuelve a abrir la boca, pero una voz la interrumpe:

-Me presento voluntario.

Levanto la cabeza para averiguar quién ha dicho eso. Muevo la cabeza, indecisa sin saber hacia dónde mirar. Todos hacen lo mismo que yo, incluido Fate, que al parecer ha notado que la voz es la de un chico.

-Me presento voluntario como tributo.

Y solo por un segundo no soy capaz de asimilar esa voz con alguien conocido. Esa voz que tantas veces me ha amargado el día solo con su simple presencia, esa voz que siempre me habla con tono de superioridad, esa voz tan burlona pero que puede llegar a resultar hasta seductora, esa voz que tantas veces se ha metido conmigo, esa irritante voz con la que he convivido desde hace varios años...

-Tom...-susurro.

Le busco entre la multitud y le encuentro, en el sitio de los chicos de diecisiete años. Mira fijamente a Fate, que está tan pálido que parece que se va a desmayar de un momento a otro. Empieza a andar decidido hacia el escenario, hasta que se pone al lado de Fate, le dice un par de cosas al oído pero no se mueve. Entonces, me acerco lentamente a él.

-Fate, bájate del escenario. Ahora-le digo con voz ronca.

Debo de haberle intimidado bastante porque empieza a caminar sin protestar, eso, o que simplemente está tan aturdido que solo puede hacer lo que le digan. Me mira durante una décima de segundo antes de bajarse del escenario, como si quisiera decirme algo..., pero no ha tenido el suficiente valor para decírmelo. Me vuelvo a colocar en mi sitio y miro fijamente a Tom, que está a mi lado.

-Bien-continúa Jenn Kalis, que parece bastante confusa-. Veo que tenemos aquí a un valiente voluntario. Jovencito... ¿cómo te llamas?

-Tom Evenlak-responde él en tono seco.

-Vaya... ¿supongo que Fate será tu hermano pequeño...?¿Te has ofrecido voluntario para salvar a tu hermanito? ¡Oh, qué tierno!

-No. No es mi hermano, es mi primo. Y me he ofrecido voluntario para salvarle aunque también por otra cosa...-susurra mirándome de reojo. Me pongo roja como un tomate.

Jenn, que no parece darse cuenta de lo que está pasando hace que ambos nos acerquemos y nos estrechemos las manos. Salimos de la plaza justo cuando termina de sonar el himno del Capitolio y nos sumergimos en la oscuridad del interior del Edificio de Justicia. Le indican a Tom que entre por una puerta y a mí me indican que entre en la siguiente. Después de cerrar la puerta, desato mi furia. Tiro todo lo que veo por los suelos y empiezo a dar patadas y puñetazos a las paredes mientras maldigo al Capitolio y al presidente Snow por todo, hasta que me rindo y me deslizo por la pared sollozando, para acabar tirada en el suelo. Escucho cómo se abre la puerta, levanto la mirada y veo a mis padres mirándome tristemente. Me levanto del suelo, me enjuago los ojos con la mano y corro a abrazarles. Ninguno dice nada mientras estoy en sus brazos. Finalmente me separo de ellos y les miro con tristeza. Ninguno llora, lo que me ayuda, ya que si les viera a ellos llorar cómo yo, me habría derrumbado en el suelo.

-Alexis...-empieza mi padre. Pero al parecer no sabe cómo continuar y se calla.

Me quedo un rato con ellos, sin saber que decir y al final, después de cuarto de hora, dejo de llorar y les doy un abrazo a cada uno. Desde la puerta, un agente de la paz les dice a mis padres de que ya es hora de que se vayan. Ambos me miran con tristeza, me dan otro abrazo y se van sin decir nada. Me quedo quieta. Es raro. Pensaba que me iban a decir algo del tipo “todo saldrá bien. No te preocupes” Aunque supongo que esto es lo máximo que pueden hacer, después de haber visto ya una vez cómo su hijo moría en los Juegos. Seguramente lo volverán a ver. Me siento desmoralizada en un sillón que hay a mi lado y pierdo la mirada en el techo. A los pocos segundos se vuelve a abrir la puerta y al ver a la persona que me mira desde el umbral, se me vuelca el corazón. Corro lo más rápido que puedo hacia la puerta y me abandono en el abrazo de Fate. Noto cómo su pecho sube y baja rápidamente debajo de la camiseta. Está muy nervioso. Me aparta de él y me mira con tristeza, mientras que me acaricia el pelo.

-Alexis...-consigue murmurar-Yo... yo...

No dejo que siga y le vuelvo a abrazar, esta vez más por él que por mí. Escucho como murmulla unas palabras que para mí son totalmente inteligibles.

-Anda, vamos a sentarnos.

Le cojo de la mano y le guío hasta el sillón, se tumba y yo me pongo a su lado, mientras me estrecha entre sus brazos. Levanto la vista y me encuentro con sus ojos azules, llenos de lágrimas. Es la primera vez en mi vida que veo llorar a Fate.
-Hey-consigo decir- Que se supone que soy yo la que va a morir, no tú.
Como contestación lanza una especie de risa que hace que se me parta el corazón en mil pedacitos. Se enjuaga los ojos y me indica moviendo la mano que me aleje. Lo hago, se levanta y se pone detrás de mí. Escucho cómo busca algo en alguno de sus bolsillos y luego noto cómo sus manos me echan el pelo hacia atrás, con una dulzura que nunca había visto en Fate. Al tocarme el cuello, me estremezco. Sus manos están calientes y me dan una sensación de seguridad mientras me dan pequeñas caricias. Después, algo frío me toca el cuello y me lo rodea. Se escucha un clic y Fate dice:

-Ya está. Mírate.

Me doy la vuelta para mirarme en un espejo que hay en la pared y me miro.

-No estoy muy bien-digo a Fate, para hacer que sonría. Aunque no es eso lo que quiere que diga. Su reflejo ríe.

Bajo la mirada hasta donde había notado la cosa fría y al ver lo que es, me quedo sin aliento. Un tridente. Es el collar de un tridente. Es pequeño, no debe de ser más grande que mi dedo meñique, pero es precioso. No sabría decir de qué está hecho exactamente, pero lanza pequeños destellos y parece que los materiales por los que está compuesto se mueven formando pequeñas olas. Entonces, acerco la mano y lo toco, para mi sorpresa descubro que no es de metal ni de nada por el estilo. Está hecho de agua.

-Oh, Fate... esto es... es... precioso-digo en un susurro.

-Pensaba regalártelo para tu cumpleaños... ya sabes, la semana que viene, pero dadas las circunstancias he pensado que lo mejor era dártelo ahora.

Me doy la vuelta y le abrazo otra vez, intentando contener las lágrimas, aunque no soy lo suficientemente fuerte para conseguirlo y me pongo a llorar otra vez. Él, no deja de acariciarme el pelo y me guía hasta el sofá. Una vez allí, me consigo tranquilizar y le miro a los ojos.

-¿Has visto ya a Tom?-asiente muy despacio con la cabeza-¿Sabes por qué lo hizo?

-Sí-dice-. Pero aun así no tendría que haberlo hecho.

-¿Y por qué lo hizo?

-Por mí. O más bien por los dos.

No encuentro una respuesta apropiada para esa pregunta, así que me limito a apoyar la cabeza en su hombro y paseo la mirada por la habitación, que está hecha un verdadero desastre después de mi entrada. Doy un largo y triste suspiro. Vuelvo a mirar a Fate.

-¿Y Kim? ¿Qué tal está?

-Desesperada por verte- me dice tristemente-. Pero mis padres la han llevado a casa porque creen que esto es duro para ella. Vendrá luego a despedirte, a la estación.

-¿Cómo lo has hecho?-pregunto después de un largo silencio refiriéndome al colgante.

-Si te digo la verdad, eso no me importaba. Lo único que me importaba era que fuera lo suficientemente bonito para regalártelo...

Al escuchar eso siento cómo se derrumba mi mundo.

-Fate. Sinceramente, no necesito ningún regalo en especial- me pongo delante suya para que me vea bien-. Lo único que necesito en mi cumpleaños es que tú estés ahí. Conmigo. Como siempre- le digo con una sonrisa-. De verdad que agradezco mucho el regalo pero...

En es momento un agente de la paz abre la puerta y le dice a Fate que se vaya, él asiente y no se levanta del sofá hasta que no se cierra la puerta. Me coge de la mano y me lleva hasta la puerta con él, le doy un último abrazo. Se dispone a salir, pero justo cuando toca el picaporte de la puerta se da media vuelta hacia mí. Me pasa una mano por el cuello y la otra por la cintura, después, me atrae hacia sí.
-Entonces, el collar es mi regalo para que te dé buena suerte. Y esto, también.
Justo después de decir eso hace algo que nunca pensaba que iba a hacer. Se acerca lentamente y posa sus labios sobre los míos. Noto cosquilleo cuando nuestros labios se juntan. Coloco lentamente mis manos alrededor de su cuello y le acerco aún más. Todavía huele un poco a agua de mar pero me da igual. Es un beso bastante... bonito y, a decir verdad, hace que me sienta extrañamente genial. Juego con su pelo entre mis dedos, mientras que nos besamos apasionadamente. Es una sensación extrañísima esa de estar besando a alguien que conoces desde hace tanto tiempo, pero resulta bastante reconfortante. Después de un par de segundos, nuestros besos se vuelven cada vez más cálidos y seguros, ya que ambos sabemos que el otro siente lo mismo: llevamos enamorados todos estos años pero no hemos sido lo suficientemente valientes para decir lo que sentíamos. En ese momento, lo único que deseo, es que se pare el tiempo y estar con él ahí para siempre. Pero por desgracia eso no puede ser. Tras estar unos segundos así nos separamos y Fate baja un poco la vista.

-Será mejor que me vaya. Adiós- me dice en un susurro-. Te quiero.

-Y yo...-consigo responder justo cuando se cierra la puerta.

Ahora estoy sola. Todavía no me lo puedo creer. Fate y yo nos hemos besado. Empiezo a dar vueltas en círculos por la habitación intentando aclarar mis pensamientos. Por eso Tom se ha presentado voluntario. Porque sabe que, aunque ni Fate ni yo lo habíamos dicho, estamos verdaderamente enamorados el uno del otro. Lo ha hecho por nosotros, para que no tengamos que competir en la arena. Para que... para ayudarme a ganar los Juegos, para poder estar con el chico al que quiero. Y si al final resulta que quedamos los dos finalistas... ¿qué haría Tom...? O peor, ¿qué haría yo? Dejo de pensar en eso porque me desmoraliza del todo y me siento en el sillón, esperando a que me llamen para subir al tren que nos llevará al Capitolio. Suspiro y bajo la mirada hacia el tridente. “Es un buen regalo” pienso. Al menos me ayudará a saber que si gano los Juegos, lo hago por alguien que de verdad me importa. La puerta se vuelve a abrir pero esta vez no pasa ninguno de mis conocidos ni nada por el estilo. La persona que está en la puerta es un agente de la paz que me mira con el ceño fruncido. Cuando se da cuenta del estado que tiene la habitación, me lanza una mirada que podría ser capaz de matarme. Le devuelvo la mirada asesina y me tumbo completamente en el sofá.

-Tienes que irte, ¡ya!-me dice en tono seco.

Me giro para ver si se va pero no se mueve, suspiro lentamente, me levanto y voy a la puerta. Al pasar por su lado, me mira de mala manera y me indica con una mano que no me mueva del pasillo. En la puerta por la que habíamos entrado antes Tom y yo, distingo a Fate y a sus padres, que salen ahora mismo del Edificio de Justicia. Fate, me mira por un segundo pero no dice nada. Simplemente se da la vuelta y continúa andando, intentando ignorarme. Supongo que será duro para él dejarme marchar, pero es aún más duro para mí marcharme y tener que dejarle aquí. Suspiro con tristeza y me quedo mirando el suelo hasta que se abre la puerta por la que había entrado Tom. Parece algo alicaído, pero en cuanto me ve, intenta recuperar su sonrisa burlona para ver si me animo un poco. Aunque sé que ninguno de los dos lo conseguirá, por lo menos ahora.

-Será mejor que nos vayamos ya si no queremos quedar mal ante el Capitolio.

Asiento y ambos empezamos a andar hacia la salida. Desde allí, emprendemos un paseo hasta la estación de trenes, seguidos por una pequeña multitud que nos da su apoyo con pequeños aplausos. Cuando llegamos a la estación de tren se van casi todos. Las únicas personas que se quedan para despedirnos (aparte de las cámaras, que nos han seguido desde que salimos del Edificio de Justica) son mis padres, los padres de Fate, Kim y él. Ninguno dice nada, pero nos miran con tristeza. Entonces, las cámaras dejan de grabar y nos dicen que vayamos deprisa, que nos tenemos que ir ya. Tom es el primero que se sube al tren y se despide de todos con un movimiento seco de cabeza. Antes de subir, doy un gran abrazo a Kim, les digo adiós a todos con la mano, pero algo en la mirada de Fate me detiene. Me acerco a él y le doy un fuerte abrazo.
-Volveré-le susurro al oído. Noto cómo tiembla un poco-. Yo también te quiero.
Me separo de él y le doy un largo beso en los labios, bastante cálido, por cierto. Los padres de los dos se nos quedan mirando y Kim suelta un gritito ahogado.

-¡Se han besado!

Miro por última vez los azules ojos de Fate con tristeza y corro hacia la puerta del tren, que se cierra en cuanto paso. Entro en uno de los vagones y me siento en una silla al lado de la ventanilla. Poco a poco, el motor va calentándose y finalmente, el tren emprende la marcha. Digo adiós con la mano a las personas más importantes de mi vida, pero ya han desaparecido. Voy de camino al Capitolio.

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