CAPÍTULO 4
Y aquí estoy. En un tren que viaja a la velocidad de la luz, con mi vida pendiendo de un hilo, rodeada de desconocidos, cada vez más cerca del Capitolio y dejando atrás mi casa y a las personas más importantes para mí. Por la ventanilla del tren no se ve gran cosa. Vamos tan rápido que el paisaje se transforma en manchas de tonalidades verdes y azules. Me empiezo a marear, aparto la mirada de la ventanilla y poso mis ojos en Tom, que no ha abierto la boca desde que hemos dejado la estación del Distrito 4. Carraspeo y me mira interrogante.
-¿Qué?-pregunta molesto.
-Quiero saber por qué te has presentado voluntario.
-Por el mismo motivo por el que has besado a Fate antes de subir al tren- responde con indiferencia. Pero para mí eso es algo absolutamente extraño y no puedo evitar ponerme colorada-. Lo he hecho porque le quieres-dice mirando el paisaje.
Veo que no merece la pena discutir con él, así que me dejo caer en el respaldo del cómodo banco y paseo la mirada por mi alrededor. El vagón en el que estamos es muy lujoso. Las paredes están pintadas de un plateado que parece que las paredes no estén hechas de metal, parece que están hechas de plata y que las hayan decorado con pequeños motivos florales bañados en oro. Hay varias mesas con unos bancos llenos de mullidos cojines cerca de las ventanillas. En el centro del vagón, hay una larguísima mesa con comida, bebida, vasos, cubiertos y platos que abundan en colores y aromas. Puedo distinguir algunas cosas típicas del Distrito 4, pero la gran mayoría son cosas que no he visto en mi vida. Todo tiene una pinta exquisita pero tal y como estoy no puedo pegar bocado. Vuelvo a mirar a Tom.
-Si estás mirando todo el rato por la ventana te vas a marear-le aconsejo.
-Sí, claro-replica ignorándome.
Pero poco a poco, veo cómo se pone cada vez más pálido, hasta que tiene que apartar la mirada de la ventana y se tapa los ojos con ambas manos.
-Te lo dije- exclamo riéndome.
Él, también se empieza a reír y nos quedamos así un rato, hasta que la puerta del vagón se abre. En el umbral, hay un chico bastante repeinado que va con un traje blanco totalmente impoluto. “Johnny Lightsea” pienso sin dejar de mirarle. Su pelo rubio brilla bajo la luz que entra por las ventanas y sus ojos verdes nos miran de arriba abajo, como si nos estuviera analizando. Tengo que decir que aunque sea un egocéntrico, es un chico que bueno,... que... que es muy, pero que muy sexy. Tiene la piel bronceada, sus ojos brillan como dos esmeraldas, su pelo rubio es increíble y los abdominales están bien marcados incluso cuando tiene una camiseta puesta. En resumen, el chico de los sueños de cualquier chica de mi edad. Después, me sonríe de manera pícara y me lanza un guiño.
-¿Cómo te va, guapa? ¿Disfrutas del viaje?
-Pues la verdad es que no- digo con sinceridad, ignorando lo de “guapa”-. Si miro hacia fuera me mareo pero si miro el vagón quiero mirar hacia fuera.
-Menudo dilema, chica- murmura mientras pone los ojos en blanco.
Se acerca hacia el banco en el que estoy y se deja caer a mi lado. Pone los pies sobre la mesa y me intenta pasar el brazo sobre los hombros, pero lo aparto con delicadeza.
-Y bueno... ¿ahora qué se supone que tenemos que hacer? Aparte de estar aquí encerrados hasta que lleguemos al Capitolio.
-Saber vuestros fuertes, pero también vuestras debilidades-dice mirándome de reojo.
-Bueno... ¿pues a qué esperamos?
-Una gran pregunta. Que empiece él-responde mirando a Tom.- ¿Cuáles son los fuertes de la chica?
-¿Suyos?
-¿Míos?
-No es por ti, preciosa- me responde. Vuelve mirar a Tom- Es por él. Se pondrá por las nubes y luego resultará que no sabe hacer nada. Ya ha pasado otros años y no quiero que se vuelva a repetir. Así que, ahora, dime cuales son las habilidades de... ¿Alexis?
-Eso mismo.
-Pues empieza a cantar, pajarito- exclama sentándose normal.
Tom abre la boca para empezar a hablar pero Johnny le corta.
-Si vas a decir que está guapa con bikini te lo puedes ahorrar, ya se nota. Además, me interesan armas, camuflaje y ese tipo de cosas.
-¿¡Y a qué demonios viene eso del bikini?!-protesto molesta.
Ambos se quedan mirándome como si acabar de interrumpir una conversación cualquiera, como si estuvieran hablando de deberes o cualquier cosa.
-Pues para que te enteres, mona. Lo del bikini viene a que necesitáis patrocinadores. En los chicos buscan fuerza, aunque también buscan encanto. Y en las chicas belleza e inteligencia, con eso puedes poner a cualquier hombre a tus pies...
-¿De verdad?
-Compruébalo tú misma. Pero eso en la arena no te ayudará. En la arena tu astucia, tu valentía y tu pericia serán tus aliadas. Aunque claro, para tener patrocinadores tienes que parecerles bella y encantadora. En algunos casos necesita mucho esfuerzo, pero en el tuyo...- añade mirándome de una manera muy sensual.
-Vale-le corto-. Ya lo he pillado-exclamo poniéndome roja.
-Me alegro. Ahora...-continúa dirigiéndose a Tom.
Tom simplemente suspira y baja un segundo la cabeza. Después, empieza a mirar al suelo, a la pared, a través de la ventanilla, a la mesa llena de comida... Finalmente me mira a mí y después a Johnny.
-Sabe nadar muy bien. Aguanta la respiración unos... dos, tal vez tres minutos-Johnny levanta las cejas al escuchar ese dato-. También sabe usar cuchillos y tridentes. Puede cazar cualquier animal que se ponga a su vista. Se camufla bastante bien y según me ha dicho mi primo sabe diferenciar las plantas venenosas y las comestibles.
-Vaya, nos encontramos ante una tributo muy bien preparada-ríe Johnny-. ¿Algo más?
Tom se queda un rato callado, muy pensativo y al final dice:
-Puede llegar a ser muy manipuladora.
-¡OYE!-protesto- ¡Eso no es verdad!
-Sí que lo eres-responde tajante-. Aunque tú no lo sepas. Cualquiera hace todo lo que le digas. Eres esa clase de personas que les cae bien a todo el mundo y se ganan su confianza en cuestión de horas, incluso en minutos. No lo haces queriendo, lo haces inconscientemente. Y eso en la arena te dará aliados.
-Y muchos...-añade Johnny.
-Yo no soy manipuladora-vuelvo a gruñir.
-Eso no es malo-me intenta ayudar Johnny-. Podrás hacer alianzas y así podrías llegar hasta el final. Bueno... así que esos son tus puntos fuertes. ¿Cuáles son sus debilidades?-le pregunta a Tom.
-Que no es capaz de matar ni a una mosca.
-Mmmmm... ¿algo más?-Tom permanece en silencio-. Venga, no puede ser una chica tan perfecta.
-Sería capaz de dar su vida por alguien que acaba de conocer- Johnny hace una mueca- eso y que hace mucho ruido al andar, aunque es bastante rápida.
-Entonces, tenemos a una chica que sabe usar armas, se puede camuflar, sabe conseguir comida y es capaz de pasar desapercibida aunque los tributos la tengan justo delante de sus narices, pero no es capaz de matar, es escandalosa y da su vida por completos desconocidos. ¿Lo he resumido bien?
-Sí.
-Bueno... no vamos mal. Con suerte podrías ganar.
-Sí, seguro-ironizo.
-Ahora, Alexis ¿cuáles son los fuertes de Tom?
Al escuchar eso me quedo en blanco. ¿Los puntos fuertes de Tom? Nunca me lo había preguntado. Le miro a ver si su expresión me da una idea, pero no lo hace. Bajo la vista hacia el suelo y me quedo un rato pensando. Finalmente digo:
-Es muy fuerte. Sabe usar el arpón y creo que también sabe usar el arco y las flechas. No le he visto nunca pero, por sus brazos y piernas, deduzco que es un gran nadador y un rápido corredor. No sabe qué plantas son comestibles, ni cuales venenosas, pero es capaz de coger cualquier animal que vea y cazarlo antes de que este se dé cuenta. No es muy bueno camuflándose, pero es rápido y es capaz de esconderse antes de que cualquiera le vea. Aparte de eso podría aguantar varios días sin comer y su fuerza física no cambiaría. Eso y que seguramente hará que más de la mitad de las tributos se pongan a sus pies solo con decirles “hola”-termino mirando distraída la comida.
Me giro hacia Tom que me mira sorprendido. Después, sonríe y añade:
-Y lo olvidaba. Increíblemente observadora. Y aunque no tenga ni idea, acierta absolutamente en todo.
-Vaya...-murmura Johnny-. ¿Debilidades?
-Egocentrismo. Autoestima demasiado alto. Disimula fatal. No es capaz de hacerle daño a una chica. No sabe trepar. Tiene muchos tropezones estúpidos. Hace muchísimo ruido (incluso más que yo) y... que cree que todos van hacer lo que él diga sin replicarle. Sí. Creo que eso es todo.
-Ohhh-exclama Johnny-. Creo que ahí también ha acertado en todo. No se ha equivocado en nada, ¿verdad?
-En nada. Y otro de sus defectos. Es jodidamente perfecta.
-Se intenta-digo de manera burlona.
-Pues vaya tributos que me han tocado este año...- comenta Johnny riéndose-. ¿Y vuestra relación?
-Es la novia de mi primo- me corta Tom antes de que pueda decir nada.
-Mentira-replico- No estamos saliendo.
-Pues como si lo estuvierais.
Lanzo un bufido y me dejo caer sobre el sofá. Johnny se nos queda mirando sin decir nada. Tom me mira con el ceño fruncido y yo le lanzo una mirada asesina.
-En realidad es el primo de mi mejor amigo. Nos conocemos desde que él se mudó con Fate.
-¿Fate?-pregunta entonces nuestro mentor-.¿No es ese el nombre del chico que ha sacado antes Jenn en la cosecha?
-Lo es. Pero me presenté voluntario por él.
-¿Por qué?
-Pregúntaselo a ella.
-¡Ya estoy harta!-grito-. ¡Oye Tom, si vas a estar así el poco tiempo que nos queda de vida paso de estar contigo! ¡Ni Fate ni yo te pedimos que te presentaras voluntario! Es más, habría sido mejor que hubiera venido él.
-¿¡Y dejar que los dos lucharais a muerte como si nada!? Oye, sé que esto te enfada mucho pero si estás enamorada de él por qué no lo admites y ya está. Es así de fácil.
-Chicos...-murmura Johnny levantándose y poniéndose entre nosotros.
-Pues NO. No es así de fácil.-digo ignorando por completo a Johnny- Es lo más complicado que me ha pasado en mi vida. Si él hubiera venido conmigo no nos habríamos besado y ahora no estaríamos así. Tú estarías tan tranquilo en tu casita y nosotros estaríamos tan tranquilos aquí.
-Pues yo no diría que esto es estar tranquilos...
-¡Me da igual! Sabes, eres un verdadero pesado y si Fate hubiera venido aquí conmigo todo sería diferente. Sería mejor. ¿Habríamos acabado en la arena? Sí. Por supuesto que sí. Pero no así, o morimos los dos o nada. ¿Qué pasa si nos matan a los dos? Tu sacrifico no habría servido para nada. Por no decir que Fate estará destrozado. ¿Qué pasa si ganas los Juegos? Yo habría muerto y Fate, después de haberme besado, no lo superaría nunca. ¿Y si gano yo? Fate no me perdonará en su vida por haber dejado que su primo muriera en la arena cuando él ni siquiera había sido elegido tributo, si no que se había presentado voluntario por él. Para que pudiera estar conmigo. Pero me sentiré tan mal que no podré ni dirigirle la palabra. ¿De verdad crees que esto es fácil? ¿De verdad crees que has hecho bien en venir aquí? Pues sabes qué. ¡QUÉ ES EL MAYOR ERROR QUE HAS COMETIDO EN TU VIDA!-termino gritando.
Me levantó bruscamente del asiento y me dirijo enfurecida hacia la puerta. Paso al siguiente vagón, que está repleto de puertas, supongo que son las habitaciones. Voy pasando por enfrente de puertas hasta que veo una en la que hay un cartel en la que pone mi nombre. La abro, cierro de un portazo y me tumbo en la cama a llorar.
Aquí contaré la historia de Alexis Bellawave, una joven de 14 años del Distrito 4 que es elegida para representar a su Distrito en los Vigésimo Novenos Juegos del Hambre. Después de dejar a su familia y a su mejor amigo atrás, Alexis se promete que tiene que volver a casa, sea como sea. Aunque no lo tendrá tan fácil, porque hay tributos que desean acabar con su vida lo antes posible...
viernes, 10 de agosto de 2012
jueves, 9 de agosto de 2012
Cosecha, Voluntario y Despedidas
CAPÍTULO 3
Paso unos minutos sin darme cuenta de lo que pasa alrededor. ”Mi nombre...Ha salido mi nombre...” pienso absorta en mis pensamientos. Segundos después escucho la voz de Jenn Kalis, lejanísima:
-Alexis. Vamos, sube aquí conmigo.
Levanto la vista del suelo y veo cómo todas las chicas se han apartado dejando un hueco para que pueda subir al escenario. Y sin ni siquiera pensarlo, mis pies se mueven de manera automática, caminando hasta que llego a las escaleras de metal. Las subo y contemplo la plaza, toda ella en silencio. No puedo evitar mirar a Fate, que parece aún más confuso y asustado que yo misma. Le lanzo una última mirada de ayuda, aunque sé que eso no arreglará nada. Él, se limita a bajar la mirada y a concentrarse en las puntas de sus zapatos. No le echo la culpa. Yo también me habría quedado en shock y no habría hecho nada. Después, Jenn se acerca a mí y me da un pequeño abrazo, en señal de aprobación. Me coge la mano derecha y la levanta.
-Y esta es Alexis Bellawave. La chica que tendrá el honor de representar al distrito 4 en los Vigésimo Novenos Juegos del Hambre.
La gente de la plaza me da un pequeño aplauso, con desgana. Muchos de ellos furiosos porque ni ellos (o sus hijos) han sido elegidos. Pero otros muchos, aplauden simplemente para darme su apoyo. Es decir, para que sufra una muerte rápida e indolora. Yo, mientras tanto no he podido apartar mi mirada de Fate. No soy capaz de mirar a mis padres, que deben de estar sumidos en una especie de depresión porque haya salido elegida. Él, me mira como si no se llegara a creer que estoy aquí arriba. Que me han elegido como tributo. Yo tampoco me lo puedo creer. Cuando se da cuenta de que le estoy mirando, me dirige una sonrisa más que forzada, a la que consigo responder. Jenn entiende la sonrisa de otra manera y me ordena que me quede quieta mientras ella va hacia la urna de los chicos y rebusca entre las papeletas. “Que no sea Fate. Que no sea Fate.” Me repito una y otra vez. Ya es bastante malo que me toque a mí. Pero... ¿en qué estoy pensando? Fate no va a salir. Jenn saca una papeleta de la urna. Suspiro. No. Seguro que esa no es una de las papeletas con el nombre de Fate. Cuántas habrá... ¿cientos, miles...? No. El nombre de Fate no va a salir de esa urna. Tengo un presentimiento, y también tengo suerte. Aunque la suerte no siempre va contigo.
-¡Fate Evenlak!
-¡NO!-grito. Y en cuanto lo hago me tapo la boca con las manos.
Todos se quedan mirándome. ¿De verdad he dicho eso? Puedo ver a Fate en la multitud, que está tan pálido que parece un muerto. Aunque me mira de manera interrogante. Me giro hacia Jenn que me mira extrañada. Lentamente me separo las manos de la boca y adapto una posición normal, bajando la mirada hacia el suelo. Intento ocultar que lloro pero no lo consigo. Mi nueva representante vuelve a llamar a Fate para que suba al escenario. Escucho cómo la multitud se aparta de su camino para que venga conmigo. Los pasos de mi mejor amigo resuenan por toda la plaza, a cada paso que da, me parece que me están dando cuchilladas en el corazón. Pero aun así, levanto la cabeza para intentar lanzarle una pequeña mirada de apoyo, aunque está tan mal que prefiero hacer como si no estuviera allí. Cuando se pone de pie a mi lado la plaza entera guarda un silencio sobrecogedor. La gran mayoría de las personas que hay, saben que Fate y yo somos como hermanos y que si alguno de los dos volviera con vida de los Juegos, el otro no lo soportaría y acabaría volviéndose loco, o en mi caso loca. Y si ninguno de los dos nos volvíamos locos, tal vez acabaríamos suicidándonos. O por lo menos yo. No soy capaz de imaginarme un mundo en el que Fate no esté conmigo. Además de eso, también muchas personas saben lo de la muerte de mi hermano y que ir a la arena será para mí más duro por eso. Ahí, supongo que les tengo que dar la razón. En cuanto pise la arena, no podré evitar acordarme de Jason. Entonces, la voz estridente de Jenn Kalis irrumpe el gran silencio de la plaza.
-Y este es el chico que tendrá el honor de representar a nuestro distrito en los Vigésimo Novenos Juegos del Hambre, junto con nuestra preciosa chica Alexis Bellawave-Nadie en la plaza dice nada, por lo que Jenn continúa con su discurso:- Y ahora, ¿algún voluntario que quiera arrancar la fama de estos dos jóvenes de aquí arriba?
Al principio nadie dice nada. “Venga” pienso” Por favor, que esto acabe de una vez” Pero la plaza sigue igual de callada. Jenn vuelve a abrir la boca, pero una voz la interrumpe:
-Me presento voluntario.
Levanto la cabeza para averiguar quién ha dicho eso. Muevo la cabeza, indecisa sin saber hacia dónde mirar. Todos hacen lo mismo que yo, incluido Fate, que al parecer ha notado que la voz es la de un chico.
-Me presento voluntario como tributo.
Y solo por un segundo no soy capaz de asimilar esa voz con alguien conocido. Esa voz que tantas veces me ha amargado el día solo con su simple presencia, esa voz que siempre me habla con tono de superioridad, esa voz tan burlona pero que puede llegar a resultar hasta seductora, esa voz que tantas veces se ha metido conmigo, esa irritante voz con la que he convivido desde hace varios años...
-Tom...-susurro.
Le busco entre la multitud y le encuentro, en el sitio de los chicos de diecisiete años. Mira fijamente a Fate, que está tan pálido que parece que se va a desmayar de un momento a otro. Empieza a andar decidido hacia el escenario, hasta que se pone al lado de Fate, le dice un par de cosas al oído pero no se mueve. Entonces, me acerco lentamente a él.
-Fate, bájate del escenario. Ahora-le digo con voz ronca.
Debo de haberle intimidado bastante porque empieza a caminar sin protestar, eso, o que simplemente está tan aturdido que solo puede hacer lo que le digan. Me mira durante una décima de segundo antes de bajarse del escenario, como si quisiera decirme algo..., pero no ha tenido el suficiente valor para decírmelo. Me vuelvo a colocar en mi sitio y miro fijamente a Tom, que está a mi lado.
-Bien-continúa Jenn Kalis, que parece bastante confusa-. Veo que tenemos aquí a un valiente voluntario. Jovencito... ¿cómo te llamas?
-Tom Evenlak-responde él en tono seco.
-Vaya... ¿supongo que Fate será tu hermano pequeño...?¿Te has ofrecido voluntario para salvar a tu hermanito? ¡Oh, qué tierno!
-No. No es mi hermano, es mi primo. Y me he ofrecido voluntario para salvarle aunque también por otra cosa...-susurra mirándome de reojo. Me pongo roja como un tomate.
Jenn, que no parece darse cuenta de lo que está pasando hace que ambos nos acerquemos y nos estrechemos las manos. Salimos de la plaza justo cuando termina de sonar el himno del Capitolio y nos sumergimos en la oscuridad del interior del Edificio de Justicia. Le indican a Tom que entre por una puerta y a mí me indican que entre en la siguiente. Después de cerrar la puerta, desato mi furia. Tiro todo lo que veo por los suelos y empiezo a dar patadas y puñetazos a las paredes mientras maldigo al Capitolio y al presidente Snow por todo, hasta que me rindo y me deslizo por la pared sollozando, para acabar tirada en el suelo. Escucho cómo se abre la puerta, levanto la mirada y veo a mis padres mirándome tristemente. Me levanto del suelo, me enjuago los ojos con la mano y corro a abrazarles. Ninguno dice nada mientras estoy en sus brazos. Finalmente me separo de ellos y les miro con tristeza. Ninguno llora, lo que me ayuda, ya que si les viera a ellos llorar cómo yo, me habría derrumbado en el suelo.
-Alexis...-empieza mi padre. Pero al parecer no sabe cómo continuar y se calla.
Me quedo un rato con ellos, sin saber que decir y al final, después de cuarto de hora, dejo de llorar y les doy un abrazo a cada uno. Desde la puerta, un agente de la paz les dice a mis padres de que ya es hora de que se vayan. Ambos me miran con tristeza, me dan otro abrazo y se van sin decir nada. Me quedo quieta. Es raro. Pensaba que me iban a decir algo del tipo “todo saldrá bien. No te preocupes” Aunque supongo que esto es lo máximo que pueden hacer, después de haber visto ya una vez cómo su hijo moría en los Juegos. Seguramente lo volverán a ver. Me siento desmoralizada en un sillón que hay a mi lado y pierdo la mirada en el techo. A los pocos segundos se vuelve a abrir la puerta y al ver a la persona que me mira desde el umbral, se me vuelca el corazón. Corro lo más rápido que puedo hacia la puerta y me abandono en el abrazo de Fate. Noto cómo su pecho sube y baja rápidamente debajo de la camiseta. Está muy nervioso. Me aparta de él y me mira con tristeza, mientras que me acaricia el pelo.
-Alexis...-consigue murmurar-Yo... yo...
No dejo que siga y le vuelvo a abrazar, esta vez más por él que por mí. Escucho como murmulla unas palabras que para mí son totalmente inteligibles.
-Anda, vamos a sentarnos.
Le cojo de la mano y le guío hasta el sillón, se tumba y yo me pongo a su lado, mientras me estrecha entre sus brazos. Levanto la vista y me encuentro con sus ojos azules, llenos de lágrimas. Es la primera vez en mi vida que veo llorar a Fate.
-Hey-consigo decir- Que se supone que soy yo la que va a morir, no tú.
Como contestación lanza una especie de risa que hace que se me parta el corazón en mil pedacitos. Se enjuaga los ojos y me indica moviendo la mano que me aleje. Lo hago, se levanta y se pone detrás de mí. Escucho cómo busca algo en alguno de sus bolsillos y luego noto cómo sus manos me echan el pelo hacia atrás, con una dulzura que nunca había visto en Fate. Al tocarme el cuello, me estremezco. Sus manos están calientes y me dan una sensación de seguridad mientras me dan pequeñas caricias. Después, algo frío me toca el cuello y me lo rodea. Se escucha un clic y Fate dice:
-Ya está. Mírate.
Me doy la vuelta para mirarme en un espejo que hay en la pared y me miro.
-No estoy muy bien-digo a Fate, para hacer que sonría. Aunque no es eso lo que quiere que diga. Su reflejo ríe.
Bajo la mirada hasta donde había notado la cosa fría y al ver lo que es, me quedo sin aliento. Un tridente. Es el collar de un tridente. Es pequeño, no debe de ser más grande que mi dedo meñique, pero es precioso. No sabría decir de qué está hecho exactamente, pero lanza pequeños destellos y parece que los materiales por los que está compuesto se mueven formando pequeñas olas. Entonces, acerco la mano y lo toco, para mi sorpresa descubro que no es de metal ni de nada por el estilo. Está hecho de agua.
-Oh, Fate... esto es... es... precioso-digo en un susurro.
-Pensaba regalártelo para tu cumpleaños... ya sabes, la semana que viene, pero dadas las circunstancias he pensado que lo mejor era dártelo ahora.
Me doy la vuelta y le abrazo otra vez, intentando contener las lágrimas, aunque no soy lo suficientemente fuerte para conseguirlo y me pongo a llorar otra vez. Él, no deja de acariciarme el pelo y me guía hasta el sofá. Una vez allí, me consigo tranquilizar y le miro a los ojos.
-¿Has visto ya a Tom?-asiente muy despacio con la cabeza-¿Sabes por qué lo hizo?
-Sí-dice-. Pero aun así no tendría que haberlo hecho.
-¿Y por qué lo hizo?
-Por mí. O más bien por los dos.
No encuentro una respuesta apropiada para esa pregunta, así que me limito a apoyar la cabeza en su hombro y paseo la mirada por la habitación, que está hecha un verdadero desastre después de mi entrada. Doy un largo y triste suspiro. Vuelvo a mirar a Fate.
-¿Y Kim? ¿Qué tal está?
-Desesperada por verte- me dice tristemente-. Pero mis padres la han llevado a casa porque creen que esto es duro para ella. Vendrá luego a despedirte, a la estación.
-¿Cómo lo has hecho?-pregunto después de un largo silencio refiriéndome al colgante.
-Si te digo la verdad, eso no me importaba. Lo único que me importaba era que fuera lo suficientemente bonito para regalártelo...
Al escuchar eso siento cómo se derrumba mi mundo.
-Fate. Sinceramente, no necesito ningún regalo en especial- me pongo delante suya para que me vea bien-. Lo único que necesito en mi cumpleaños es que tú estés ahí. Conmigo. Como siempre- le digo con una sonrisa-. De verdad que agradezco mucho el regalo pero...
En es momento un agente de la paz abre la puerta y le dice a Fate que se vaya, él asiente y no se levanta del sofá hasta que no se cierra la puerta. Me coge de la mano y me lleva hasta la puerta con él, le doy un último abrazo. Se dispone a salir, pero justo cuando toca el picaporte de la puerta se da media vuelta hacia mí. Me pasa una mano por el cuello y la otra por la cintura, después, me atrae hacia sí.
-Entonces, el collar es mi regalo para que te dé buena suerte. Y esto, también.
Justo después de decir eso hace algo que nunca pensaba que iba a hacer. Se acerca lentamente y posa sus labios sobre los míos. Noto cosquilleo cuando nuestros labios se juntan. Coloco lentamente mis manos alrededor de su cuello y le acerco aún más. Todavía huele un poco a agua de mar pero me da igual. Es un beso bastante... bonito y, a decir verdad, hace que me sienta extrañamente genial. Juego con su pelo entre mis dedos, mientras que nos besamos apasionadamente. Es una sensación extrañísima esa de estar besando a alguien que conoces desde hace tanto tiempo, pero resulta bastante reconfortante. Después de un par de segundos, nuestros besos se vuelven cada vez más cálidos y seguros, ya que ambos sabemos que el otro siente lo mismo: llevamos enamorados todos estos años pero no hemos sido lo suficientemente valientes para decir lo que sentíamos. En ese momento, lo único que deseo, es que se pare el tiempo y estar con él ahí para siempre. Pero por desgracia eso no puede ser. Tras estar unos segundos así nos separamos y Fate baja un poco la vista.
-Será mejor que me vaya. Adiós- me dice en un susurro-. Te quiero.
-Y yo...-consigo responder justo cuando se cierra la puerta.
Ahora estoy sola. Todavía no me lo puedo creer. Fate y yo nos hemos besado. Empiezo a dar vueltas en círculos por la habitación intentando aclarar mis pensamientos. Por eso Tom se ha presentado voluntario. Porque sabe que, aunque ni Fate ni yo lo habíamos dicho, estamos verdaderamente enamorados el uno del otro. Lo ha hecho por nosotros, para que no tengamos que competir en la arena. Para que... para ayudarme a ganar los Juegos, para poder estar con el chico al que quiero. Y si al final resulta que quedamos los dos finalistas... ¿qué haría Tom...? O peor, ¿qué haría yo? Dejo de pensar en eso porque me desmoraliza del todo y me siento en el sillón, esperando a que me llamen para subir al tren que nos llevará al Capitolio. Suspiro y bajo la mirada hacia el tridente. “Es un buen regalo” pienso. Al menos me ayudará a saber que si gano los Juegos, lo hago por alguien que de verdad me importa. La puerta se vuelve a abrir pero esta vez no pasa ninguno de mis conocidos ni nada por el estilo. La persona que está en la puerta es un agente de la paz que me mira con el ceño fruncido. Cuando se da cuenta del estado que tiene la habitación, me lanza una mirada que podría ser capaz de matarme. Le devuelvo la mirada asesina y me tumbo completamente en el sofá.
-Tienes que irte, ¡ya!-me dice en tono seco.
Me giro para ver si se va pero no se mueve, suspiro lentamente, me levanto y voy a la puerta. Al pasar por su lado, me mira de mala manera y me indica con una mano que no me mueva del pasillo. En la puerta por la que habíamos entrado antes Tom y yo, distingo a Fate y a sus padres, que salen ahora mismo del Edificio de Justicia. Fate, me mira por un segundo pero no dice nada. Simplemente se da la vuelta y continúa andando, intentando ignorarme. Supongo que será duro para él dejarme marchar, pero es aún más duro para mí marcharme y tener que dejarle aquí. Suspiro con tristeza y me quedo mirando el suelo hasta que se abre la puerta por la que había entrado Tom. Parece algo alicaído, pero en cuanto me ve, intenta recuperar su sonrisa burlona para ver si me animo un poco. Aunque sé que ninguno de los dos lo conseguirá, por lo menos ahora.
-Será mejor que nos vayamos ya si no queremos quedar mal ante el Capitolio.
Asiento y ambos empezamos a andar hacia la salida. Desde allí, emprendemos un paseo hasta la estación de trenes, seguidos por una pequeña multitud que nos da su apoyo con pequeños aplausos. Cuando llegamos a la estación de tren se van casi todos. Las únicas personas que se quedan para despedirnos (aparte de las cámaras, que nos han seguido desde que salimos del Edificio de Justica) son mis padres, los padres de Fate, Kim y él. Ninguno dice nada, pero nos miran con tristeza. Entonces, las cámaras dejan de grabar y nos dicen que vayamos deprisa, que nos tenemos que ir ya. Tom es el primero que se sube al tren y se despide de todos con un movimiento seco de cabeza. Antes de subir, doy un gran abrazo a Kim, les digo adiós a todos con la mano, pero algo en la mirada de Fate me detiene. Me acerco a él y le doy un fuerte abrazo.
-Volveré-le susurro al oído. Noto cómo tiembla un poco-. Yo también te quiero.
Me separo de él y le doy un largo beso en los labios, bastante cálido, por cierto. Los padres de los dos se nos quedan mirando y Kim suelta un gritito ahogado.
-¡Se han besado!
Miro por última vez los azules ojos de Fate con tristeza y corro hacia la puerta del tren, que se cierra en cuanto paso. Entro en uno de los vagones y me siento en una silla al lado de la ventanilla. Poco a poco, el motor va calentándose y finalmente, el tren emprende la marcha. Digo adiós con la mano a las personas más importantes de mi vida, pero ya han desaparecido. Voy de camino al Capitolio.
Paso unos minutos sin darme cuenta de lo que pasa alrededor. ”Mi nombre...Ha salido mi nombre...” pienso absorta en mis pensamientos. Segundos después escucho la voz de Jenn Kalis, lejanísima:
-Alexis. Vamos, sube aquí conmigo.
Levanto la vista del suelo y veo cómo todas las chicas se han apartado dejando un hueco para que pueda subir al escenario. Y sin ni siquiera pensarlo, mis pies se mueven de manera automática, caminando hasta que llego a las escaleras de metal. Las subo y contemplo la plaza, toda ella en silencio. No puedo evitar mirar a Fate, que parece aún más confuso y asustado que yo misma. Le lanzo una última mirada de ayuda, aunque sé que eso no arreglará nada. Él, se limita a bajar la mirada y a concentrarse en las puntas de sus zapatos. No le echo la culpa. Yo también me habría quedado en shock y no habría hecho nada. Después, Jenn se acerca a mí y me da un pequeño abrazo, en señal de aprobación. Me coge la mano derecha y la levanta.
-Y esta es Alexis Bellawave. La chica que tendrá el honor de representar al distrito 4 en los Vigésimo Novenos Juegos del Hambre.
La gente de la plaza me da un pequeño aplauso, con desgana. Muchos de ellos furiosos porque ni ellos (o sus hijos) han sido elegidos. Pero otros muchos, aplauden simplemente para darme su apoyo. Es decir, para que sufra una muerte rápida e indolora. Yo, mientras tanto no he podido apartar mi mirada de Fate. No soy capaz de mirar a mis padres, que deben de estar sumidos en una especie de depresión porque haya salido elegida. Él, me mira como si no se llegara a creer que estoy aquí arriba. Que me han elegido como tributo. Yo tampoco me lo puedo creer. Cuando se da cuenta de que le estoy mirando, me dirige una sonrisa más que forzada, a la que consigo responder. Jenn entiende la sonrisa de otra manera y me ordena que me quede quieta mientras ella va hacia la urna de los chicos y rebusca entre las papeletas. “Que no sea Fate. Que no sea Fate.” Me repito una y otra vez. Ya es bastante malo que me toque a mí. Pero... ¿en qué estoy pensando? Fate no va a salir. Jenn saca una papeleta de la urna. Suspiro. No. Seguro que esa no es una de las papeletas con el nombre de Fate. Cuántas habrá... ¿cientos, miles...? No. El nombre de Fate no va a salir de esa urna. Tengo un presentimiento, y también tengo suerte. Aunque la suerte no siempre va contigo.
-¡Fate Evenlak!
-¡NO!-grito. Y en cuanto lo hago me tapo la boca con las manos.
Todos se quedan mirándome. ¿De verdad he dicho eso? Puedo ver a Fate en la multitud, que está tan pálido que parece un muerto. Aunque me mira de manera interrogante. Me giro hacia Jenn que me mira extrañada. Lentamente me separo las manos de la boca y adapto una posición normal, bajando la mirada hacia el suelo. Intento ocultar que lloro pero no lo consigo. Mi nueva representante vuelve a llamar a Fate para que suba al escenario. Escucho cómo la multitud se aparta de su camino para que venga conmigo. Los pasos de mi mejor amigo resuenan por toda la plaza, a cada paso que da, me parece que me están dando cuchilladas en el corazón. Pero aun así, levanto la cabeza para intentar lanzarle una pequeña mirada de apoyo, aunque está tan mal que prefiero hacer como si no estuviera allí. Cuando se pone de pie a mi lado la plaza entera guarda un silencio sobrecogedor. La gran mayoría de las personas que hay, saben que Fate y yo somos como hermanos y que si alguno de los dos volviera con vida de los Juegos, el otro no lo soportaría y acabaría volviéndose loco, o en mi caso loca. Y si ninguno de los dos nos volvíamos locos, tal vez acabaríamos suicidándonos. O por lo menos yo. No soy capaz de imaginarme un mundo en el que Fate no esté conmigo. Además de eso, también muchas personas saben lo de la muerte de mi hermano y que ir a la arena será para mí más duro por eso. Ahí, supongo que les tengo que dar la razón. En cuanto pise la arena, no podré evitar acordarme de Jason. Entonces, la voz estridente de Jenn Kalis irrumpe el gran silencio de la plaza.
-Y este es el chico que tendrá el honor de representar a nuestro distrito en los Vigésimo Novenos Juegos del Hambre, junto con nuestra preciosa chica Alexis Bellawave-Nadie en la plaza dice nada, por lo que Jenn continúa con su discurso:- Y ahora, ¿algún voluntario que quiera arrancar la fama de estos dos jóvenes de aquí arriba?
Al principio nadie dice nada. “Venga” pienso” Por favor, que esto acabe de una vez” Pero la plaza sigue igual de callada. Jenn vuelve a abrir la boca, pero una voz la interrumpe:
-Me presento voluntario.
Levanto la cabeza para averiguar quién ha dicho eso. Muevo la cabeza, indecisa sin saber hacia dónde mirar. Todos hacen lo mismo que yo, incluido Fate, que al parecer ha notado que la voz es la de un chico.
-Me presento voluntario como tributo.
Y solo por un segundo no soy capaz de asimilar esa voz con alguien conocido. Esa voz que tantas veces me ha amargado el día solo con su simple presencia, esa voz que siempre me habla con tono de superioridad, esa voz tan burlona pero que puede llegar a resultar hasta seductora, esa voz que tantas veces se ha metido conmigo, esa irritante voz con la que he convivido desde hace varios años...
-Tom...-susurro.
Le busco entre la multitud y le encuentro, en el sitio de los chicos de diecisiete años. Mira fijamente a Fate, que está tan pálido que parece que se va a desmayar de un momento a otro. Empieza a andar decidido hacia el escenario, hasta que se pone al lado de Fate, le dice un par de cosas al oído pero no se mueve. Entonces, me acerco lentamente a él.
-Fate, bájate del escenario. Ahora-le digo con voz ronca.
Debo de haberle intimidado bastante porque empieza a caminar sin protestar, eso, o que simplemente está tan aturdido que solo puede hacer lo que le digan. Me mira durante una décima de segundo antes de bajarse del escenario, como si quisiera decirme algo..., pero no ha tenido el suficiente valor para decírmelo. Me vuelvo a colocar en mi sitio y miro fijamente a Tom, que está a mi lado.
-Bien-continúa Jenn Kalis, que parece bastante confusa-. Veo que tenemos aquí a un valiente voluntario. Jovencito... ¿cómo te llamas?
-Tom Evenlak-responde él en tono seco.
-Vaya... ¿supongo que Fate será tu hermano pequeño...?¿Te has ofrecido voluntario para salvar a tu hermanito? ¡Oh, qué tierno!
-No. No es mi hermano, es mi primo. Y me he ofrecido voluntario para salvarle aunque también por otra cosa...-susurra mirándome de reojo. Me pongo roja como un tomate.
Jenn, que no parece darse cuenta de lo que está pasando hace que ambos nos acerquemos y nos estrechemos las manos. Salimos de la plaza justo cuando termina de sonar el himno del Capitolio y nos sumergimos en la oscuridad del interior del Edificio de Justicia. Le indican a Tom que entre por una puerta y a mí me indican que entre en la siguiente. Después de cerrar la puerta, desato mi furia. Tiro todo lo que veo por los suelos y empiezo a dar patadas y puñetazos a las paredes mientras maldigo al Capitolio y al presidente Snow por todo, hasta que me rindo y me deslizo por la pared sollozando, para acabar tirada en el suelo. Escucho cómo se abre la puerta, levanto la mirada y veo a mis padres mirándome tristemente. Me levanto del suelo, me enjuago los ojos con la mano y corro a abrazarles. Ninguno dice nada mientras estoy en sus brazos. Finalmente me separo de ellos y les miro con tristeza. Ninguno llora, lo que me ayuda, ya que si les viera a ellos llorar cómo yo, me habría derrumbado en el suelo.
-Alexis...-empieza mi padre. Pero al parecer no sabe cómo continuar y se calla.
Me quedo un rato con ellos, sin saber que decir y al final, después de cuarto de hora, dejo de llorar y les doy un abrazo a cada uno. Desde la puerta, un agente de la paz les dice a mis padres de que ya es hora de que se vayan. Ambos me miran con tristeza, me dan otro abrazo y se van sin decir nada. Me quedo quieta. Es raro. Pensaba que me iban a decir algo del tipo “todo saldrá bien. No te preocupes” Aunque supongo que esto es lo máximo que pueden hacer, después de haber visto ya una vez cómo su hijo moría en los Juegos. Seguramente lo volverán a ver. Me siento desmoralizada en un sillón que hay a mi lado y pierdo la mirada en el techo. A los pocos segundos se vuelve a abrir la puerta y al ver a la persona que me mira desde el umbral, se me vuelca el corazón. Corro lo más rápido que puedo hacia la puerta y me abandono en el abrazo de Fate. Noto cómo su pecho sube y baja rápidamente debajo de la camiseta. Está muy nervioso. Me aparta de él y me mira con tristeza, mientras que me acaricia el pelo.
-Alexis...-consigue murmurar-Yo... yo...
No dejo que siga y le vuelvo a abrazar, esta vez más por él que por mí. Escucho como murmulla unas palabras que para mí son totalmente inteligibles.
-Anda, vamos a sentarnos.
Le cojo de la mano y le guío hasta el sillón, se tumba y yo me pongo a su lado, mientras me estrecha entre sus brazos. Levanto la vista y me encuentro con sus ojos azules, llenos de lágrimas. Es la primera vez en mi vida que veo llorar a Fate.
-Hey-consigo decir- Que se supone que soy yo la que va a morir, no tú.
Como contestación lanza una especie de risa que hace que se me parta el corazón en mil pedacitos. Se enjuaga los ojos y me indica moviendo la mano que me aleje. Lo hago, se levanta y se pone detrás de mí. Escucho cómo busca algo en alguno de sus bolsillos y luego noto cómo sus manos me echan el pelo hacia atrás, con una dulzura que nunca había visto en Fate. Al tocarme el cuello, me estremezco. Sus manos están calientes y me dan una sensación de seguridad mientras me dan pequeñas caricias. Después, algo frío me toca el cuello y me lo rodea. Se escucha un clic y Fate dice:
-Ya está. Mírate.
Me doy la vuelta para mirarme en un espejo que hay en la pared y me miro.
-No estoy muy bien-digo a Fate, para hacer que sonría. Aunque no es eso lo que quiere que diga. Su reflejo ríe.
Bajo la mirada hasta donde había notado la cosa fría y al ver lo que es, me quedo sin aliento. Un tridente. Es el collar de un tridente. Es pequeño, no debe de ser más grande que mi dedo meñique, pero es precioso. No sabría decir de qué está hecho exactamente, pero lanza pequeños destellos y parece que los materiales por los que está compuesto se mueven formando pequeñas olas. Entonces, acerco la mano y lo toco, para mi sorpresa descubro que no es de metal ni de nada por el estilo. Está hecho de agua.
-Oh, Fate... esto es... es... precioso-digo en un susurro.
-Pensaba regalártelo para tu cumpleaños... ya sabes, la semana que viene, pero dadas las circunstancias he pensado que lo mejor era dártelo ahora.
Me doy la vuelta y le abrazo otra vez, intentando contener las lágrimas, aunque no soy lo suficientemente fuerte para conseguirlo y me pongo a llorar otra vez. Él, no deja de acariciarme el pelo y me guía hasta el sofá. Una vez allí, me consigo tranquilizar y le miro a los ojos.
-¿Has visto ya a Tom?-asiente muy despacio con la cabeza-¿Sabes por qué lo hizo?
-Sí-dice-. Pero aun así no tendría que haberlo hecho.
-¿Y por qué lo hizo?
-Por mí. O más bien por los dos.
No encuentro una respuesta apropiada para esa pregunta, así que me limito a apoyar la cabeza en su hombro y paseo la mirada por la habitación, que está hecha un verdadero desastre después de mi entrada. Doy un largo y triste suspiro. Vuelvo a mirar a Fate.
-¿Y Kim? ¿Qué tal está?
-Desesperada por verte- me dice tristemente-. Pero mis padres la han llevado a casa porque creen que esto es duro para ella. Vendrá luego a despedirte, a la estación.
-¿Cómo lo has hecho?-pregunto después de un largo silencio refiriéndome al colgante.
-Si te digo la verdad, eso no me importaba. Lo único que me importaba era que fuera lo suficientemente bonito para regalártelo...
Al escuchar eso siento cómo se derrumba mi mundo.
-Fate. Sinceramente, no necesito ningún regalo en especial- me pongo delante suya para que me vea bien-. Lo único que necesito en mi cumpleaños es que tú estés ahí. Conmigo. Como siempre- le digo con una sonrisa-. De verdad que agradezco mucho el regalo pero...
En es momento un agente de la paz abre la puerta y le dice a Fate que se vaya, él asiente y no se levanta del sofá hasta que no se cierra la puerta. Me coge de la mano y me lleva hasta la puerta con él, le doy un último abrazo. Se dispone a salir, pero justo cuando toca el picaporte de la puerta se da media vuelta hacia mí. Me pasa una mano por el cuello y la otra por la cintura, después, me atrae hacia sí.
-Entonces, el collar es mi regalo para que te dé buena suerte. Y esto, también.
Justo después de decir eso hace algo que nunca pensaba que iba a hacer. Se acerca lentamente y posa sus labios sobre los míos. Noto cosquilleo cuando nuestros labios se juntan. Coloco lentamente mis manos alrededor de su cuello y le acerco aún más. Todavía huele un poco a agua de mar pero me da igual. Es un beso bastante... bonito y, a decir verdad, hace que me sienta extrañamente genial. Juego con su pelo entre mis dedos, mientras que nos besamos apasionadamente. Es una sensación extrañísima esa de estar besando a alguien que conoces desde hace tanto tiempo, pero resulta bastante reconfortante. Después de un par de segundos, nuestros besos se vuelven cada vez más cálidos y seguros, ya que ambos sabemos que el otro siente lo mismo: llevamos enamorados todos estos años pero no hemos sido lo suficientemente valientes para decir lo que sentíamos. En ese momento, lo único que deseo, es que se pare el tiempo y estar con él ahí para siempre. Pero por desgracia eso no puede ser. Tras estar unos segundos así nos separamos y Fate baja un poco la vista.
-Será mejor que me vaya. Adiós- me dice en un susurro-. Te quiero.
-Y yo...-consigo responder justo cuando se cierra la puerta.
Ahora estoy sola. Todavía no me lo puedo creer. Fate y yo nos hemos besado. Empiezo a dar vueltas en círculos por la habitación intentando aclarar mis pensamientos. Por eso Tom se ha presentado voluntario. Porque sabe que, aunque ni Fate ni yo lo habíamos dicho, estamos verdaderamente enamorados el uno del otro. Lo ha hecho por nosotros, para que no tengamos que competir en la arena. Para que... para ayudarme a ganar los Juegos, para poder estar con el chico al que quiero. Y si al final resulta que quedamos los dos finalistas... ¿qué haría Tom...? O peor, ¿qué haría yo? Dejo de pensar en eso porque me desmoraliza del todo y me siento en el sillón, esperando a que me llamen para subir al tren que nos llevará al Capitolio. Suspiro y bajo la mirada hacia el tridente. “Es un buen regalo” pienso. Al menos me ayudará a saber que si gano los Juegos, lo hago por alguien que de verdad me importa. La puerta se vuelve a abrir pero esta vez no pasa ninguno de mis conocidos ni nada por el estilo. La persona que está en la puerta es un agente de la paz que me mira con el ceño fruncido. Cuando se da cuenta del estado que tiene la habitación, me lanza una mirada que podría ser capaz de matarme. Le devuelvo la mirada asesina y me tumbo completamente en el sofá.
-Tienes que irte, ¡ya!-me dice en tono seco.
Me giro para ver si se va pero no se mueve, suspiro lentamente, me levanto y voy a la puerta. Al pasar por su lado, me mira de mala manera y me indica con una mano que no me mueva del pasillo. En la puerta por la que habíamos entrado antes Tom y yo, distingo a Fate y a sus padres, que salen ahora mismo del Edificio de Justicia. Fate, me mira por un segundo pero no dice nada. Simplemente se da la vuelta y continúa andando, intentando ignorarme. Supongo que será duro para él dejarme marchar, pero es aún más duro para mí marcharme y tener que dejarle aquí. Suspiro con tristeza y me quedo mirando el suelo hasta que se abre la puerta por la que había entrado Tom. Parece algo alicaído, pero en cuanto me ve, intenta recuperar su sonrisa burlona para ver si me animo un poco. Aunque sé que ninguno de los dos lo conseguirá, por lo menos ahora.
-Será mejor que nos vayamos ya si no queremos quedar mal ante el Capitolio.
Asiento y ambos empezamos a andar hacia la salida. Desde allí, emprendemos un paseo hasta la estación de trenes, seguidos por una pequeña multitud que nos da su apoyo con pequeños aplausos. Cuando llegamos a la estación de tren se van casi todos. Las únicas personas que se quedan para despedirnos (aparte de las cámaras, que nos han seguido desde que salimos del Edificio de Justica) son mis padres, los padres de Fate, Kim y él. Ninguno dice nada, pero nos miran con tristeza. Entonces, las cámaras dejan de grabar y nos dicen que vayamos deprisa, que nos tenemos que ir ya. Tom es el primero que se sube al tren y se despide de todos con un movimiento seco de cabeza. Antes de subir, doy un gran abrazo a Kim, les digo adiós a todos con la mano, pero algo en la mirada de Fate me detiene. Me acerco a él y le doy un fuerte abrazo.
-Volveré-le susurro al oído. Noto cómo tiembla un poco-. Yo también te quiero.
Me separo de él y le doy un largo beso en los labios, bastante cálido, por cierto. Los padres de los dos se nos quedan mirando y Kim suelta un gritito ahogado.
-¡Se han besado!
Miro por última vez los azules ojos de Fate con tristeza y corro hacia la puerta del tren, que se cierra en cuanto paso. Entro en uno de los vagones y me siento en una silla al lado de la ventanilla. Poco a poco, el motor va calentándose y finalmente, el tren emprende la marcha. Digo adiós con la mano a las personas más importantes de mi vida, pero ya han desaparecido. Voy de camino al Capitolio.
miércoles, 8 de agosto de 2012
La Cosecha
CAPÍTULO 2
Durante el trayecto desde la playa hasta mi casa no me encuentro con nadie. Todos están en sus casas, esperando impacientes a que sean las dos en punto, para poder ir al Edificio de Justicia. Para algunas familias que sus hijos sean tributos es un honor. Para la mía no. Mis padres no han tenido mucha suerte con los Juegos. La mejor amiga de mi madre cuando era adolescente había ganado unos, pero murió pocos días después por culpa de las heridas. Y luego está...está... Jason. Mi hermano mayor.
Al recordarlo no puedo evitar empezar a llorar. Jason. Murió cuando yo tenía unos diez años, a la edad de quince. No me acuerdo muy bien de él. Alguna vez veo imágenes, sin orden alguno de él. Pero siempre son las mismas: él y yo jugando en la playa, sentados mirando las estrellas, cuando faltamos a clase para que me enseñara a nadar, comiendo galletas a escondidas... Ese tipo de cosas que hacen dos hermanos. Su muerte no me sentó nada bien. Creo que fue a la persona a la que más le afectó, incluso más que a su novia o a mis padres. Recuerdo que estaba pegada al televisor. Mi hermano era uno de los finalistas, por lo que ya me habían entrevistado un millón de veces. Y yo siempre decía lo mismo: “Mi hermano ganará. Estoy segura” repetía una y otra vez sonriendo a todo Panem.
Cuando pasó estaba a punto de irme a la cama (estaba comiendo galletas), pero antes me asomé otra vez al salón para poder decirle las buenas noches a Jason, como siempre. Entonces me di cuenta de que en la pantalla no estaba él solo. Estaba con otro tributo. La chica del distrito 2. Ambos se enzarzaron en una pelea y después de varios segundos de angustia, Jason consiguió desarmar a la chica. Por un instante, de verdad pensé que iba a volver. Que estaríamos los dos juntos otra vez, como si nada hubiera pasado. Pero me equivoqué. En cuanto desarmó a la chica, se dispuso a dar el toque de gracia, pero algo lo frenó. La cámara bajó hasta su pecho y pude ver la empuñadura de un cuchillo clavada, la chica le había lanzado un cuchillo que tenía escondido. Entré corriendo en el salón y fui directa hasta la pantalla, sin dejar de gritar el nombre de mi hermano, pero resbalé con una de las galletas que había tirado pocos segundos antes y caí al suelo. Mis padres me miraron sorprendidos porque no querían que viese a Jason, pero yo veía la tele siempre que ellos no estaban. En la pantalla, pude contemplar cómo mi hermano caía al suelo lentamente, se quedó boca abajo, con un charco de sangre a su alrededor hasta que sonó el cañonazo. Me pasé los siguientes dos días llorando, sin salir de mi habitación. Y hasta tres semanas después no conseguí pegar ojo. Pero todavía tengo pesadillas en las que veo a Jason a un metro de mí, tirado en el suelo, y no puedo hacer nada.
Sacudo la cabeza para quitarme esos pensamientos tan sombríos de la cabeza. Sigo sin superarlo y creo que cada vez que lo pienso me duele más. Giro hacia la izquierda y entro en casa, mis padres ya no están en la mesita del jardín que está ya está recogida, así que supongo que ya estarán dentro. Entro por la puerta de la cocina y no les encuentro allí, subo las escaleras, entro en mi habitación y me pongo la ropa que mi madre ha elegido para el día de la cosecha. Una falda, una blusa de un azul casi transparente, unos zapatos negros y una camiseta de tirantes negra, para ponérmela debajo de la blusa. Me miro en el espejo y hago una mueca. Me gusta todo, exceptuando la falda, además, es bastante corta. Así que abro el armario, me cojo unos pantalones azules ajustados (bastante viejos, por cierto), me quito la falda y me miro en el espejo. “Perfecto” pienso” Esto está mucho mejor”. Salgo de la habitación y al bajar las escaleras me encuentro a mis padres, dándome la espalda. Están hablando en voz baja en el sofá y mamá parece a punto de estallar a llorar. Supongo que están hablando de Jason. Contengo las lágrimas y me acerco a ellos lo más feliz que puedo.
-Ya estoy lista.
Ambos se dan media vuelta y me dirigen una sonrisa forzada. Después de varios segundos de silencio, mi padre lo interrumpe:
-Estás muy guapa, Alexis.
-¿Qué has hecho con la falda?-pregunta entonces mi madre.
-Gracias-respondo ignorando la pregunta de mi madre-.Bueno... ¿nos vamos ya?
Ambos se miraran y asienten.
-Vale. Voy a buscar a Fate-digo antes de que mi madre volviera a sacar el tema de la falda y salgo precipitadamente por la puerta.
Continúo corriendo a lo largo de la playa hasta que llego a una casa casi igual que la mía. Me dispongo a llamar al timbre cuando un chico, de unos diecisiete años abre la puerta y se queda mirándome. Sus ojos marrones me escrutan como si fuera un bicho que había que exterminar. Después lanza una sonrisa maliciosa y grita:
-¡FATE! ¡Ya ha llegado tu novia!
-¡Cállate ya, Tom! ¡Y CUANTAS VECES TE TENGO QUE DECIR QUE ALEXIS NO ES MI NOVIA!-grita Fate desde algún punto de la casa.
Tom ríe mientras sacude la cabeza y después me mira fijamente.
-Siempre es así de cabezota.
-Lo sé-respondo secamente-Le conozco desde hace mucho más tiempo que tú.
-Si claro. Lo que tú digas, pequeña. Y pasa mientras esperas a tu príncipe azul.
Si existe alguien más odioso en el mundo que el Capitolio o Snow (cosa que ya es muy, pero que muy difícil), ese es Tom. Primo hermano de Fate. Se había mudado con él hacía algunos años, cuando su padre desapareció en el mar, su madre había muerto al darle luz. Pero aun así es un engreído. La primera vez que me vio me trató como si fuera un microbio (ahora también lo sigue haciendo) pero desde que se enteró de que Fate y yo llevábamos siendo amigos hasta donde llega la memoria de cualquiera que nos conozca, se empeñó en que ambos estábamos tremendamente enamorados el uno del otro y siempre que nos veía juntos sacaba el tema. Es decir, todo el día. Creo que lo máximo que ha aguantado sin decirnos “tortolitos”, “parejita feliz”, “hechos el uno para el otro” o cosas por el estilo ha sido... unos...¿ quince, veinte segundos? Lanzo un bufido y entro, mientras que Tom me mira de reojo.
-Vienes hoy muy sexy. ¿Por fin tienes una cita con mi primito?
-¡Cállate!-le espeto todo lo enfadada que puedo, pero no puedo evitar sonrojarme. Tom se da cuenta y sonríe.
-Lo que tú digas... pero estarías mejor con una falda. O tal vez con bikini.
Sí. Siempre está incordiando. No te puedes relajar ni un segundo.
-¡Alexis!-oigo una voz desde la cocina.
Entonces, una persona se abalanza sobre mí y por poco me tira al suelo. Bajo la vista, sonrío y abrazo a la niña que me estrecha entre sus bracitos.
-Hola, Kim. ¿Qué tal?-saludo a la hermana pequeña de Fate.
-Muy bien. ¿Y tú?-me responde sonriente.
Lo único que hago es sonreír. No quiero que la joven Kim me vea preocupada por la cosecha. Ella todavía no es lo suficientemente mayor para que su nombre entre en la urna. Pero por desgracia, al año que viene sí lo será. Para ella siempre he sido como su otra hermana. Me agacho y me quedo cara a cara con ella. Sus ojos verdes brillan de felicidad, como cada vez que me ve y su precioso pelo rojo está recogido en una bonita coleta. Le doy con el índice en la punta de la nariz y digo:
-Cada día estás más guapa.
-Gracias...-responde tímidamente-. Tú sí que estás guapa.
-Ohhh. ¡Que bonito!-exclama Tom detrás mía en tono burlón.
Me doy la vuelta para decirle cuatro cosas pero detrás de él aparece Fate, sonriendo como siempre.
-Déjalo ya-después se gira para mirarme-. Hola, Alexis. Estás muy guapa.
-Gracias-digo sonriendo- Tú también. Y veo que te has puesto una camiseta-añado riéndome.
Sonríe. Va con los pantalones azules que se pone casi siempre para el instituto, pero había hecho algo con ellos, no puedo decir el qué, pero le quedaban mejor; unas botas algo desgastadas y una camiseta que no he visto en mi vida. Aunque claro, rara vez veo a Fate fuera del instituto con camiseta. Y esa le queda bastante bien, tengo que reconocer. Es muy ajustada y se le pega al pecho, haciendo que se le noten aún más sus fuertes músculos. Ambos nos miramos y empezamos a reírnos nerviosamente. Pero... ¡cómo no! Tom se entromete.
-¿De verdad que no estáis saliendo? Porque si no fuera tu primo diría que...
-Hola, Alexis-saluda una señora de mediana edad que acaba de entrar en el salón.
-¡Mamá!-grita Kim mientras va a abrazar a su madre.
-Buenos días, señora Evenlak-saludo cordialmente.
-¿No te ibas a poner una falda?-pregunta extrañada- Tu madre me dijo que ibas a estrenar una...
-¿Te vas a poner una falda?-pregunta entusiasmada la pequeña Kim-. Estarías guapísima si te pusieras una falda. Pero...
-Bueno...-respondo nerviosamente- Vamos a dejar el tema de la falda a un lado-me giro hacia Fate- ¿Nos vamos ya?
-Claro. Adiós, mamá. Kim- va hacia su hermana, la coge en brazos, le da un beso en la nariz y se acerca a la puerta, donde le estoy esperando-. Esto... nos vemos luego en la cosecha, Tom.
-No os entretengáis por el camino, tortolitos-se despide él mientras cerramos la puerta detrás nuestra.
Salimos de su casa y empezamos a andar hacia el Edificio de Justicia.
-¿Tú primo siempre tiene que ser tan… irritante?
-Es su manera de ser-me responde Fate-. No tiene otra cosa que hacer y al parecer eso de decir que estamos enamorados le divierte.
-Pues que quieres que te diga. A mí no me hace mucha gracia.
Ambos nos quedamos en silencio hasta que Fate empieza a reír a carcajadas.
-¿Qué pasa?
-¿Te imaginas cómo reaccionaría Tom si estuviésemos saliendo de verdad?
Por un momento aparto de mi mente todo. La cosecha, los Juegos, la playa, Jason, la falda... y pienso en la cara de bobo que pondría Tom si Fate y yo empezáramos a salir. Empiezo a reírme. Primero con una risita, luego con una risa y finalmente con una gran carcajada que no sé cómo no me paro allí mismo para acabar tirada en el suelo partiéndome. Le contagio la risa a Fate y llegamos los dos a la plaza que había enfrente del Edificio de Justicia riéndonos como si nos hubieran lanzado bombas con el gas ese de la risa. Pero en cuanto vemos la seriedad que nos rodea paramos y adoptamos una posición más seria. Cada uno nos ponemos en una fila y a los dos nos pinchan para sacarnos un poco de sangre. Después nos reunimos en el centro de la plaza.
-¿Ves a alguien conocido?
Escruto todas las caras adultas que rodean la plaza, muchas de ellas angustiadas, pero muchas otras orgullosas. Pero ni rastro ni de mis padres ni de los de Fate. Pero estos últimos aparecen en un lugar a mi derecha y nos saludan con la mano. Hacemos lo mismo y puedo vislumbrar el largo pelo negro de mi madre a pocos metros de ellos. Vale. También están aquí. Conmigo, dispuestos a apoyarme pasara lo que pasase. También consigo ver a la pequeña Kim que me lanza una gran mirada de apoyo. Después Fate y yo nos despedimos con un par de sonrisas tensas y unas miradas nerviosas. Me dirijo hacia el lado izquierdo de la plaza, donde se encuentran las chicas. Busco un espacio en el sitio reservado para las chicas de catorce años y me quedo quieta, mirando cómo la muchedumbre va aumentando cada vez más. Y según va pasando el tiempo, tengo la sensación de que mi presión va en aumento. Miro hacia el lado de los chicos y paseo la mirada hasta que llego al sitio en el que están los chicos de quince años. Entre ellos puedo ver a algunos compañeros de mi clase que parecen muy nerviosos. Pero ninguno de ellos me importa. La única persona a la que quiero ver es a Fate.
Después de varios minutos le veo cerca de otro de mis amigos, charlando animadamente con él. Suspiro, Fate está relajado... ¿Por qué yo no lo consigo? Miro hacia la puerta del Edificio de Justicia y puedo distinguir a Johnny, el mentor de los tributos del distrito 4, sobre el gran escenario que han montado enfrente del edificio. Parece tranquilo, como si la cosecha no le importara, pero de vez en cuando noto un pequeño tic que tiene en el ojo izquierdo. Después de varios minutos, el presidente Osean sube al escenario y cuenta la misma historia de todos los años. En resumen, que cada año un chico y una chica entre los doce y dieciocho años, de cada uno de los doce distritos de Panem, veinticuatro tributos en total, luchan a muerte en la arena, hasta que solo quede un vencedor. Y éste será colmado de lujos y de riquezas, mientras que los demás morirán. Además, el distrito del tributo ganador, ganará comida y los demás tendrán que seguir luchando para no morir de hambre, como siempre ha sido. En estos momentos me alegro de ser de nuestro distrito, ya que no nos podemos quejar mucho de la comida, pero aun así hay días en los que me he tenido que ir a dormir sin tomar bocado, ya que los agentes de la paz arrasan todo y tenemos que vivir durante un par de días sin comer nada. En cuanto acaba, todos aplaudimos (sin ganas) y Osean se sienta en una de las sillas del escenario. En ese momento la voz chillona de Jenn Kalis (la mujer que representa al Distrito 4 en el Capitolio) resuena en toda la plaza:
-¡Felices Juegos del Hambre! ¡Y que la suerte esté siempre, siempre de vuestra parte!
A continuación, Jenn empieza a leer la lista de los tributos de nuestro distrito que han ganado los Juegos y que todavía siguen vivos. Han ganado cuatro personas, pero dos de ellas murieron a causa de las heridas o cualquier cosa por el estilo. Así que solo quedan dos vivas: Helen y Johnny. Cuando dicen el nombre del mentor de este año, casi todas las chicas de mi edad lanzan un largo suspiro soñador. Yo, me limito a poner los ojos en blanco. Tampoco creo que Johnny sea tan guapo. Jenn, termina de leer la lista y la guarda. Es el momento de elegir a los tributos. Miro con desgana hacia todos lados, intentando fijarme en cualquier cosa que no sea la gran urna de cristal que hay en el escenario, con todos los nombres de todas las chicas del Distrito 4. Dieciséis de ellas tiene mi nombre, y no es algo que me tranquilice. Segundos después, Jenn Kalis comienza a andar lentamente, con sus tacones de color turquesa, sobre el gran escenario. Da tan solo un par de pasos y tarda menos de cinco segundos en llegar a la gran urna de cristal, pero a mí esos pasos me dan un gran dolor de cabeza y esos cinco segundos me parecen años. Se planta enfrente de la urna y dice:
-¡Las damas primero!
Veo como una de sus manos entra en la urna y juega con las papeletas que están en su interior, las mueve, las mezcla, va a coger una del fondo, no, una de arriba... Finalmente coge una papeleta, exactamente igual que las otras, salvo por el nombre que contiene. La saca de la urna y la desenrolla. En esas décimas de segundo que tarda la mujer en leer el nombre, la plaza entera deja de respirar. Hasta que, por fin, Jenn Kalis abre la boca para decir el nombre de la chica que representará al Distrito 4 en los Juegos del Hambre.
-¡Alexis Bellawave!- resuena por toda la plaza.
El Día de la Cosecha
CAPÍTULO 1
Abro los ojos como cada mañana y
contemplo los rayos de sol que atraviesan mi habitación. Toda ella está pintada
en tonos azules, como si fuera el cielo, o en mi caso, supongo que el mar. Los
muebles son bastante sencillos, una cómoda, un tocador, una pequeña mesa y un
armario, todos de color blanco perla. El aire huele a agua de mar y si aguanto
un par de segundos la respiración, puedo escuchar el murmullo de las olas. Me
tumbo boca arriba, mirando absorta las pequeñas gritas del techo. Bostezo. Me
levanto de la cama y corro las cortinas, haciendo que la luz del sol invada la
sala. Después de parpadear un par de veces, paseo la mirada por el paisaje que
se extiende ante mis ojos: el Distrito 4.
El mar azul resplandece bajo los
primeros rayos del sol, haciendo que parezca un lugar mágico. El agua esta muy
tranquila y reluce como si en ella hubiera pequeñas bombillas plateadas que se
van alternando, al compás de la marea. Se respira armonía y tranquilidad. Bajo
la vista, pasando por la finísima arena de la playa (que parece estar compuesta
por pequeños diamantes), para acabar mirando a mis padres, en el jardín trasero
de casa. No parecen muy contentos. Ninguno sonríe y me miran algo preocupados.
-Alexis, cariño. Baja a
desayunar, rápido. Hoy es un día importante.
Asiento tristemente y me alejo del marco de la
ventana, todavía escuchando el murmullo que hacen las olas al chocar contra las
rocas. Sí. Hoy es un día muy importante: es el día de la cosecha. Normalmente
en el Distrito 4 no es algo tan malo, ya que, al ser tributos profesionales, la
gente suele presentarse voluntaria. Pero aun así, no puedo evitar estar
nerviosa. Es mi tercer año de cosecha y no estoy muy contenta, por suerte, mi
nombre solo entraría tres veces en la urna. Aunque, por desgracia, tengo que
pedir teselas, así que mi nombre en lugar de entrar solo tres veces, entrará
dieciséis. Mis padres se niegan rotundamente cada vez que pido teselas, así que
lo que hago es mentirles. Les digo que el grano y los cereales los he
conseguido en el mercado. Punto. No les digo nada más.
Me cambio rápidamente (con bañador
incluido) y bajo las escaleras precipitadamente. Salgo al jardín y justo cuando
termino de darles los buenos días a mis padres (aunque no sé que tienen de
buenos), un rostro sonriente me saluda
desde la valla.
-Hola Alexis. ¿Qué hay?
-Temiendo el “día más importante
de mi vida”- respondo imitando al chico que llevaba siendo mentor varios años.
El joven que está en la puerta ríe
por lo bajo.
-Bueno..., ¿vienes a nadar un
rato?-me pregunta con esa mirada suya.
Sí. Así es Fate, mi mejor amigo.
Le da igual que sea el día de la cosecha. Siempre te mira con sus preciosos
ojos azules y su radiante sonrisa. Va sin camiseta y tiene el pecho desnudo
mojado, lo que significa que ya se ha bañado. Su pelo marrón, ya seco, brilla
dando pequeños destellos dorados. Tengo que reconocer que, aunque le conozco
desde que éramos casi unos niños, me intimida un poco porque es un chico mono...
bueno, es un chico guapísimo y eso hace que de vez en cuando haga estupideces.
Como ahora, que lanzo una especie de risa-gemido que hace que Fate me mire con
cara rara. Después me giro hacia mis padres.
-¿Puedo...?-pregunto suplicante.
-Anda, vete-dice mi padre después
de varios segundos de silencio-. Pero...
-Ya tengo el bañador puesto- le
corto antes de que me diga cualquier cosa. Cojo una manzana de la mesa,
entonces me doy cuenta de que está casi vacía, tan solo tres manzanas y dos
vasos de leche. Intento hacerme la indiferente, corro hasta la valla y me
despido de ellos con una sonrisa.-No os preocupéis. Llegaré a tiempo.
Agarro el brazo de Fate y le
alejo de casa. Cuando nos alejamos lo suficiente me quito la camiseta y me
quedo con la parte de arriba del bikini.
-¿Por qué no has venido
antes?-pregunto molesta-. Se supone que habíamos quedado para ir a dar una
vuelta antes de que mis padres se despertaran.
-Lo siento-dice bajando un poco
la vista. Aunque se ve que no está absolutamente nada arrepentido. Después, me
mira y sonríe-Pero sé cómo pedirte perdón.
Y antes de que pueda reaccionar,
se abalanza sobre mí con los brazos abiertos y me abraza. Cuando me roza su
piel no puedo evitar soltar un grito ahogado.
-¡FATE!-protesto-¡Suéltame! ¡YA!
-¿Por qué?-pregunta riéndose-Si
te quiero mucho-dice acercándome aún más a su piel mojada.
-Sí. Yo también te quiero, ¡pero
no me hagas esto!-grito también medio riéndome-. Vale, ya estoy mojada. Ya me
puedes soltar.
Se aleja de mí y me mira como si
fuera su obra maestra.
-Y bien... ¿qué te
parece?-respondo cruzándome de brazos.
Hace una mueca.
-Creo que te tendría que haber
mojado más.
-Una pena...-digo a la vez que me
encojo de hombros-.Bueno... ¿nos damos ese baño o qué?
Me sonríe y volvemos a emprender
nuestro camino. Cuando llegamos a la playa, dejamos nuestros zapatos y nuestra
ropa debajo de una palmera y nos zambullimos en el agua. Sí. Podría haber sido
un día perfecto. El agua está muy tranquila y no muy fría, lo que sofoca el
calor pero no te deja congelado. Además, por esta zona no suele haber gente,
por lo que casi siempre Fate y yo estamos solos. Después de varios minutos
nadando, me siento en una roca y pierdo mi mirada en el horizonte. Me pregunto
que habrá más allá de esa línea. Escucho chapoteos a mi derecha y Fate se
sienta a mi lado.
-No pareces muy nerviosa, por la
cosecha, digo.
-Lo estoy, mucho. Aunque intento
no aparentarlo.
-Pues lo haces muy bien-suspiro
escandalosamente. Fate me mira preocupado-Oye, Alexis. No es tan malo. Seguro
que habrá voluntarios y si no hay no creo que salga tu nombre.
Bajo la vista y me veo reflejada
en el agua del mar. Mi pelo negro me cae por delante de los hombros, todavía
algo mojado. Y mis ojos grises me devuelven una triste mirada.
-Para ti es fácil. No te preocupa
que salga tu nombre. Siempre hay chicos que se presentan voluntarios como
tributos. Pero las chicas...no suele presentarse ninguna.
-Vamos, Alexis. No seas tan
pesimista. Si fueras tributo, que no creo, ganar no te costaría mucho. Quiero
decir; sabes usar muchas armas como dagas, cuchillos y... ¡y tridentes! eso te
ayudaría mucho; también sabes cazar y diferenciar las plantas comestibles y las
venenosas, ya tienes arregladas las comidas; y además, te camuflas muy bien,
nadie te podría encontrar- me explica sin apartar su mirada de mí.
Me giro y me quedo mirando sus
ojos azules. Vuelvo a bajar la cabeza y sonrío.
-Si lo dices tú hasta suena
creíble. Pero no sería capaz de matar a nadie-admito.
-¿Y si estuvieran a punto de
matarte?
-No sé. Supongo que les haría una
herida grave para advertirles de que no jugaran conmigo, pero nada más.
Nos quedamos un buen rato en
silencio, no nos miramos, es como si no supiéramos la existencia del otro.
Escucho un ruido y veo a Larly Jackson, la chica más popular y más guapa del
instituto, según mis compañeros de clase. Va paseando tranquilamente por la
playa. Fate también se gira y cuando ve a Larly se vuelve hacia mí.
-Vaya, parece que tenemos
compañía.
-Sí. Tu novia-digo de manera
burlona.
Al principio no parece darse
cuenta de lo que había dicho, pero cuando lo hace exclama:
-¡No es mi novia!
-Ahí tienes razón. Pero te gusta.
Y tú a ella también.
Fate, que parece a punto de
hacerme un par de aguadillas para que me calle, se queda de piedra al escuchar
lo que acabo de decir.
-¿Qué?
-Pues eso. Que está enamorada de
ti. Me lo dijo el otro día-respondo con toda la tranquilidad del mundo.
-No te creo.
-¿Ah no...?-pregunto sonriendo.
Me doy media vuelta, hacia la playa-¡Larly!-grito con todas mis fuerzas. La
llamo un par de veces hasta que se da media vuelta y me saluda con la mano-¡¿A
que el otro día me dijiste que...?!
Pero antes de que pueda terminar,
Fate me tapa la boca con una mano y dice:
-¡Bonito día! ¿Eh? Pues eso que
nos vemos luego. ¡Adiós!
Y dicho esto me tira al agua.
Cuando vuelvo a salir a la superficie Larly ya no está y Fate me mira enfadado.
-¿Ves como sí que te gusta?-digo
burlona.
-No me gusta-replica él.
-Sí que te gusta.
-No. Me gusta otra persona.
-¿A sí...? ¿Quién?-pregunto
interesada, ya a su lado.
Se ruboriza y se queda mirándome.
Finalmente, me contesta:
-Una persona.
-¿Quién?
-Una chica.
-¡A eso llego!-replico. Me acerco
aún más a él- Anda... ¡dímelo!
-No.
-¿Por qué no? Venga, te prometo
que no me voy a reír.
-¡Ya te he dicho qué no!
-¡Por favor! Eres mi mejor amigo,
me preocupo por ti. ¿Y si esa chica es una mala influencia?
-¿Existen chicas que tengan peor
influencia que tú?
Le saco la lengua y vuelvo a mirar
al horizonte. Nada, no hay forma de que me lo diga. A no ser que...
-Si me lo dices te digo quién me
gusta.
-¿Te gusta alguien?-me pregunta
extrañado. Asiento la cabeza, como si fuera lo más obvio del mundo. Y por
primera vez en mi vida, parece que por fin he conseguido engañar a Fate. Una de
dos, o soy una experta mentirosa o él está tan desesperado por saber si me
gusta alguien que ni siquiera se lo ha planteado. Seguramente será la segunda-¿Por
qué no me lo habías dicho?
-¿Por qué no me lo has dicho
tú?-respondo inflexible.
Nos quedamos un rato mirándonos,
Fate con un gran interrogante en la cara y yo como si esta discusión fuera lo
más normal del mundo. Finalmente, baja la vista, suspira y me vuelve a mirar.
-¿Si te lo digo me vas a decir
quién te gusta, de verdad?
-No-admito-. Bueno, tampoco me
importa tanto. Mientras que esa chica no te influya mal...
-Tranquila, no lo hace.
-Eso espero-digo guiñándole un
ojo-. Después miro el Sol que ya está bastante alto-. Creo que lo mejor es que
vuelva ya a casa a cambiarme...-Le miro de reojo- y tú deberías hacer lo mismo.
Escandalizarías a todo Panem si fueras a la cosecha sin camiseta.
-¿De verdad? No será que no
quieres que me vean otras chicas sin camiseta-se acerca a mí y me susurra al
oído en tono seductor:-Me quieres para ti sola.
-Estúpido-digo sin ni siquiera
intentar disimular mi sonrisa. Fate se separa y vuelve a sonreírme como
siempre- Anda, vámonos.
Me tiro al agua y comienzo a nadar.
Una vez en la orilla, recojo mi ropa que está tirada por los alrededores de la
palmera. Al poco tiempo, Fate aparece a mi lado y también recoge sus cosas.
Después empezamos a andar hasta que llegamos al camino de piedra.
-Pues eso. Luego nos vemos-me
acerco a él y le doy un abrazo, mientras que me alborota el pelo. Nos separamos
y comienzo a andar, pero a los pocos pasos me doy la vuelta-¡Ah!, y Fate...-se
gira hacia mí-¡Que no se te olvide la camiseta!
Ambos reímos, nos despedimos con
la mano y cada uno nos vamos por su lado. “Ay, Fate... ¡Qué chico tan
simpático! ¿De quién se habrá enamorado...?”
Alejo esos pensamientos de mi cabeza. No. No es un buen día para pensar
que chica le gusta a mi mejor amigo. Tengo que llegar a casa, cambiarme e ir al
Edificio de Justicia para que elijan a los dos tributos que van a representar
al distrito 4 en los Vigésimo Novenos Juegos del Hambre.
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